lunes, 31 de diciembre de 2012

La guerra de la simpatía


Acababa de amanecer y ella se encontraba en su balcón observando la ciudad. Como cada mañana pensaba como administrar mejor su reino. La reina de fuego seguía su rutina de forma estricta todos los días. Le gustaba y la disfrutaba. Pero como por todos es sabido, esa mañana sucedió algo que alteró su normalidad y la de cualquier ser vivo a lo largo de los nueve reinos. Una bola de fuego cruzaba majestuosamente el cielo negro de cenizas y hollín, su fénix traía lo que nunca debieron ser noticias .

Las llamas incandescentes daban forma al pájaro. Era un fénix real. Con cada nacimiento de heredero en Fireland, del volcán situado bajo el castillo del rey, emanan dos huevos de fénix real. Uno de ellos es para neonato y el otro es para quien el ó ella decida a lo largo de su vida. Del huevo, una esfera de magma, nacerá el fénix cuando su propietario más lo necesite.

El fénix de la reina nació cuando la segregación de Pandorium en los nueve reinos actuales. La muerte de su padre puso fin a la gran guerra. El reino de Fireland finalmente sólo conservaría su capital. Teniendo ella 16 años y siendo hija única, se encontraba sola y asustada por tener que asumir el trono de un pueblo destrozado. Reconstruir un imperio tras una guerra nunca fue sencillo y menos si tu reino descansa en las faldas de los insomnes volcanes de Pandorium. Esto forjó su carácter muy rápidamente. En apenas unos años, había reconstruido su ciudad y los medios de vida de sus ciudadanos. Sus súbditos vivían con normalidad una década después. Eran autosuficientes y parecían felices. Ellos mismos se impusieron la amnesia como norma para seguir adelante. Pero el pasado quedó clavado en ella y desde el momento que puso en orden su reino, empezó a trabajar para que nadie volviese a molestar la paz de los suyos.


Según las leyendas, sus antepasados fueron desterrados a aquellas inhóspitas tierras por la oscura criatura que reinaba en todo Pandorum. En una semana todos los miembros de la familia estarían muertos. Al cuarto día, una de las pocas supervivientes, la hija más joven de la familia, se negaba ver morir a sus padres. Estos, ya ancianos sin apenas bebida y comida, estaban sucumbiendo a los problemas respiratorios creados por los vapores de las erupciones volcánicas. Desquiciada, se tiró a la lava cantando la canción infantil con la que su madre conseguía que se durmiera cuando estaba en la cuna. Mientras caía el fuego la rodeó y le pidió por favor que siguiera cantando, mitigaba su dolor. La joven sonrió y le dedicó su mejor actuación. El fuego agradeció el gesto abrazando a la joven, ningún fuego la quemaría jamás a ella ni a su familia. Fuego les dejó vivir en sus dominios y poco a poco les dio el poder para vengarse de aquel que los había dado por muertos.


La reina sólo tenía una certeza, su sangre era real. Era descendiente directa de aquella joven, era hija del fuego. Había conseguido desentrañar todos sus secretos hasta fundirse con él. Dominaba a las feroces bestias que vivían en los volcanes. La lava corría por sus venas y convertiría en cenizas a cualquiera que osara destruir el mundo que había creado. Había llegado más lejos que nadie.


El contacto de la piel con las llamas de un fénix produce una herida que no cicatriza jamás, sólo puede ser tocado por su amo. El fénix se posó en su hombro y le susurró al oído lo que había pasado y le dio una estrella de nieve perenne que traía en sus patas.


La reina no daba crédito a lo que estaba pasando. Dio de comer al fénix y se dirigió al interior del castillo. Avanzó hacia la cámara donde siempre pensaba en él. La noticia de que su mas fiel aliado le había traicionado y matado a todos sus guardias de la frontera le había consternado. No era sólo su aliado, era su mejor amigo. Llegó a la entrada de la cámara. La puerta se abrió. Era una habitación enorme, sumida en la más profunda oscuridad. No había suelo, ni se podía intuir a que altura estaba el techo. La oscuridad sólo la rompía un gran árbol helado que brillaba tenuemente y se encontraba flotando en un trozo de tierra blanco. La reina avanzó a través del invisible suelo y a su paso se encendían pequeñas llamas que intentaban dibujar un camino. La puerta se cerró apagando las llamas. El hielo que cubría todo el árbol comenzó a brillar de forma aún mas fuerte y era lo único que daba luz a la habitación.

En la gran guerra, él único aliado que tuvo su padre fue un joven rey de la misma edad que ella. Tras el entierro de su padre y el final de la guerra fueron grandes amigos. La gran relación que hubo entre sus reinos fue temida por el resto, lo que les sirvió a ambos para protegerse de más ataques. Pero cada uno se debía a su pueblo y se tuvieron que separar. Él partió a su reino, al norte de Pandorium, a las montañas heladas y no volvieron a verse en persona. Antes de irse se intercambiaron un regalo cada uno. Él le había regalado ese árbol. Cada doscientos años, en las tierras de Frostworld, nacía una planta envuelta en hielo. Al crecer se convertía en un árbol cuyos frutos eran estalactitas. Al madurar, estas caían muy lentamente ignorando la gravedad, mientras se convertían en una flor única con fragancias nunca olidas por el ser humano. No había dos flores iguales, ni dos aromas similares. Estas nunca se marchitaban ni perdían su olor. Según le contó el joven rey de Frostworld, antes de caer la última estalactita del árbol, el hielo comenzaría a derretirse junto con el árbol y al tocar el suelo se convertiría en una semilla azul. Que daría vida al nuevo árbol y este nacería a los doscientos años del nacimiento del anterior. A la reina le encantaba ir a la cámara del árbol y oler las nuevas flores, con ellas daba olor a sus habitaciones. También le gustaba esconderlas y olvidar que estaban ahí y maravillarse al descubrir de nuevo su fragancia. Muchas veces se había quedado dormida esperando a que cayera una nueva estalactita.

La caída de una nueva flor, la despertó de sus recuerdos. La cogió y la olió. Olía bien, le gustaba, como todas. Aquel maldito bastardo le había traicionado, desde hacía dos meses no mantenía correspondencia, una correspondencia que era casi diaria desde que se separaron. Al principio se asustó pensando que le había pasado algo, pero las noticias corren muy rápido en Pandorium y si le hubiese pasado algo malo se habría enterado. Había estado preparándose para una guerra contra ella. ¿Por qué? La reina no entendía nada, pero debía proteger a su pueblo. Según las noticias ya deberían haber atravesado la frontera y estarían a dos días de la ciudad. Sintió angustia al pensar en la guerra. No entendía a los hombres y su afán de poder. Le aterró la idea de que la gente de la ciudad, volviese a pasar por ese sufrimiento por su culpa. Ella había creído en él y le había enseñado sus secretos, sabría por donde atacar. Los había vendido a todos. Ancianos, niños, hombres y mujeres iban a sufrir por su debilidad. El dolor la estaba envenenando. La ira recorría todo su cuerpo. Su pelo se volvió de color rojo. La flor empezó a arder hasta convertirse en ceniza en su mano. Ella tenía algo que su padre no llego a comprender del todo, el fuego.

-Guardias, formad al ejercito- gritó.

La habitación entera quedó iluminada por decenas de ojos de fuego que se abrieron al unisono. La reina destinó a su guardia real a vigilar el árbol desde el momento que se lo regaló. Siempre debían estar escondidos en la oscuridad hasta nueva orden y así habían hecho durante todos estos años. Vestidos con una túnica con capucha, sin pies y cuchillas enormes de espada como manos, empezaron a elevarse mientras gritaban como desperezándose después de tantos años de aletargamiento.

El cielo empezó a rugir, rayos de fuego y una tormenta de ceniza y polvo anunciaban que estaban en guerra. De sus tumbas empezaron a salir todos los muertos enterrados en los volcanes. Eran esqueletos de huesos rojos por la temperatura que se habían mantenido bajo tierra. La gente del pueblo alertada por los guardias de la reina, comenzó a recolectar alimentos para el ejercito y a forjar armas para la guerra. La amnesia se fue de repente y esta vez sabían que tenían que actuar todos juntos para no tener que volver a olvidar. A pesar de estar atemorizados por el aspecto de estos hicieron su trabajo rápidamente.

En el volcán del interior del castillo se escuchó un aullido que rompió las cortinas de las habitaciones de todo el edificio. También había despertado para la ocasión la mascota preferida de la reina. Un enorme perro envuelto en llamas moradas ladraba ansioso por ayudar a su dueña. De sus fauces salían llamaradas.

Esto es sólo una pequeña parte de lo que tengo para ti- pensó la reina mientras salía de la cámara – has iniciado un tipo de fuego que sólo puede apagar tu sangre.

Estuvo tentada de quemar el árbol pero no lo hizo.


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Frostworld era uno de los nueve reinos. Su rey había llegado al poder elegido por el oráculo de hielo tras la muerte del anterior. Su predecesor fue envenenado y su muerte dio origen a la gran guerra. A pesar de su temprana edad, la gran cabeza helada tallada en el muro de hielo que daba fin a Pandorium había dicho su nombre y como mandan las sagradas leyes de Frostworld, se alzó rey de las gélidas tierras.

En la guerra consiguió que las fuerzas enemigas no atravesaran las montañas. Le resultó sencillo pues las bajas temperaturas y el hostil terreno convertían cada incursión militar en casi un suicidio en la tierra del eterno invierno. Decidió entonces ayudar a los aliados del antiguo rey de Frostworld. Así conoció al sabio rey de Fireland y a su mágica hija que jamás pudo quitarse de la cabeza. Como le gustaba bromear para sus adentros, ella se extendió en él más rápida que el fuego.

Al acabar la guerra y saber que Frostworld estaba a salvo, el rey cumplió con su deber. Como mandan las leyes sagradas el rey de Frostworld sólo puede salir de su reino para defenderlo. El rey jamás quiso serlo y la corona para él fue como un alud que lo había sepultado para siempre en esas montañas. Poco a poco fue perdiendo el juicio dentro de su castillo. La única noticia que tenía del exterior llegaba mediante correspondencia con la reina de Fireland. Pero no era suficiente pues la cárcel de hielo iba ganando a la cordura. Su pena duraba ya una década. Hacía años que no se miraba en un espejo. Sus consejeros tendían a evitarle. Había tenido la suerte de que el oráculo le diera poderes sobre el hielo al convertirlo en rey, ahora debía pagar su precio.

Se encontraba en su habitación, como en numerosas ocasiones, estaba sentado en una silla mirando la cama. En la cama en forma de nido se encontraba el abrigo del rey. Hecho con piel del último dientes de sable que habitó en Pandorium. Nunca se lo había llegado a poner. Lo utilizaba para calentar el huevo de fénix que la reina le regaló antes de regresar a Frostworld. El huevo aún no había eclosionado y sentía miedo de que el pájaro de fuego hubiese muerto en el interior del huevo debido a las bajas temperaturas. La reina de Fireland le había tranquilizado por carta de que eso era imposible y que el ave decide en que momento debe nacer.

Miraba el huevo pensativo. La mujer que se lo regaló había dejado de escribirle hacía unos dos meses y la semana anterior un ejercito a su mando había destrozado sus fuerzas fronterizas, matando a sus hombres. Luego los colocó a todos juntos e hizo una pira cuyo humo aún se podía ver una semana después del incidente. Ese fuego solo podía provenir de Fireland. No entendía los motivos de su amiga para tal traición.

Pasó una semana encerrado en la habitación con el huevo desde el suceso. Antes de encerrarse dio la orden a sus consejeros de que preparasen las defensas por si ella volvía a atacar. Sus consejeros conscientes del siguiente paso del rey no sólo prepararon las defensas, llamaron al gran ejercito de Frostworld.

Despertaron a los enormes titanes de las montañas. Bestias de nariz larga cuyo esqueleto eran enormes bloques de hielo. Osos, lobos y todos los animales formaban guardias a lo largo del bosque. Con ayuda de aldeanos quebraron el hielo de los lagos reflotando los barcos de los antiguos bárbaros, despertaron listos para luchar por su rey. Las gárgolas que custodiaban las torres del castillo separaron sus pies de la roca helada. Las armaduras sin cabeza de adorno afilaron sus armas.
Una gran ventisca asoló Frostworld esa semana.

En la habitación. El rey comió lo necesario para sobrevivir y no llegó a dormir dos horas seguidas. El frió llegó a atravesar su corazón. La única persona en la que había confiado era ella. Salió de su habitación y le preguntó a sus consejeros cuanto tiempo tardarían en estar listos para salir de Frostworld. Ellos sonrieron y le condujeron a uno de los balcones. Allí vio al todopoderoso el ejercito en formación.

-Mañana al amanecer partiremos-dijo- tengo que visitar a una vieja amiga.


Volvió a la habitación y se puso por primera vez su abrigo real. Escondió el huevo en uno de los cajones y que el destino decidiese que pasaba con él. El alma del rey era como el hielo, pues prefería fracturarse en pedazos antes que doblegarse ante nadie.




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En medio de la oscuridad, en uno de los otros reinos, una criatura reía feliz por el devenir de los hechos. Con sus dedos huesudos y alargados acariciaba su trono. Pronto Pandorium volvería a ser una y suya, como siempre había sido.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Capítulo 8: Especial navideño: THE RIPPER




-          ¿Y no recuerdas nada por la mañana? – el profesor X, de pie, apoyado en uno de los pilares que habían aguantado en aquel sótano abandonado, interrogaba a Mrs Robinson.
-          Sé lo que hago, los cadáveres están ahí, tendidos en el suelo, a mi alrededor, pero no es algo que pueda controlar, no sé cómo puedo llegar a eso…
-          Tiene que parar, has visto las noticias…buscan a un asesino, “The Ripper”

Mrs Robinson se dirigió a uno de los muebles de la pared, descolgado por una de las esquinas, sacó una botella de Whisky de Malta del 63, le dio un trago y se lo pasó al profesor X.

-          ¿No vas a decorar esto? Ya es navidad.
-          ¿Aún conservas espíritu navideño? Eres una asesina y yo no me acostumbro a estas piernas, no tenemos nada que celebrar.

Ella se dio la vuelta, se quedó mirando el atardecer a través del único hueco de aquel sótano que daba a la calle, por el que entraba la luz anaranjada.

-          Antes tampoco teníamos por qué hacerlo, pero lo hacíamos, nos empeñábamos en que todo fuera mejor. – se dirigía al gramófono sin apartar la mirada de aquel hueco – Quizás esta vez lo sea.
-          Lo único que va a cambiar esta vez es que no vamos a empeñarnos, este año no nos vamos a desilusionar creando falsas expectativas, hemos pasado el límite, todo está lleno de mierda y no podremos salir.

La música se apoderó de la habitación que había tomado el mismo color anaranjado del atardecer. 


-          “Pero allí donde crece el peligro, crece también lo que salva”. – Mrs Robinson apartó la mirada de la rendija y miró al profesor fijamente. – Holderlin.

La escena se disolvió entre el sonido rancio de aquel gramófono desgastado.

sábado, 6 de octubre de 2012

Capítulo 7, I parte: Legs



Tardó algo más de dos meses en reconstruir sus piernas, no eran las mismas, probablemente aquellas vigas tocaron un punto clave en su columna que hicieron que el profesor no pudiera andar.
Mrs Robinson también había cambiado su rutina, cazaba durante las noches y durante el día continuaba con aquel trabajo de ingeniería que el profesor ideaba por el día.
No eran las mismas, no sabían si podría correr, caminar, vivir de la misma forma en la que lo hacía antes, pero no quedaba otra y de alguna forma se sentían orgullosos de haber conseguido cambiar, construir unas nuevas. Eran de acero, conectados con su columna mediante tornillos, eran más pesadas.
Los primeros pasos siempre cuestan, los primeros intentos fueron los más duros, pero a las semanas de tener aquellas piernas nuevas ya eran casi suyas.

-          Tenemos que volver, lo sabes, ¿Verdad? – Mrs Robinson hablaba desde aquel sótano, en la esquina, aún era demasiado sensible a la luz.
-          Algún día, eso tenlo por seguro.

Recordaban la emoción del primer día, el momento en el que Mrs Robinson despertó, el momento en el que no estaba muerta, cuando se dieron cuenta de todo, cuando querían volver. La música, el coche, las ganas de ir a por todas, la oscuridad parecía su amiga, bajo aquella máscara de asesina y depredadora se escondía una alimaña, alguien con miedo a la luz, apenas sabían quienes eran, ¿cómo iban a saber hacia dónde ir?
El contexto había cambiado y empezaban a sentir angustia por el presente imaginando que cualquier tiempo pasado fue mejor, quizás ella nunca debió despertar, y él no haber investigado aquel asesinato, el anhelo de una vida normal se hacía cada vez más fuerte, aún cuando sabían que aquellos días no fueron mucho mejores, aún cuando se sentían orgullosos de todo lo que habían superado, supusieron que la valoración del presente no se hace nunca con suficiente perspectiva, que bajo la óptica del pasado todo se ve de un color más claro y el futuro pinta siempre peor si esperamos y deseamos algo y mejor si lo que queremos es huir de lo que tenemos.

No eran sólo las piernas del profesor lo que tenían que reparar, Mrs Robinson no podía contener sus ganas de sangre, asesinaba por las noches casi sin control a cualquiera que se interponía en su camino, procuraba ir tras ladrones y asesinos, pero no siempre podía ir tras ellos, de algún modo tenía que frenar la dependencia, no podía seguir dejando una estela de cuerpos mutilados tras de sí.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Capítulo 6, II parte: depredadora.



-          Es por aquí, tú ve en coche, yo no lo necesito, nos vemos en la antigua plaza de la República.

Lo cierto es que Mrs Robinson no necesitaba ir en coche, una de las características de los depredadores era su velocidad, probablemente a pesar de que el profesor X fuera en coche, ella llegaría antes.
El Profesor X arrancó aquel Cadillac negro en el que había llegado a la casa del sol naciente, ACDC sonaba en la radio, y emprendió el camino hasta la plaza de la República, Mrs Robinson lo seguía de cerca, por la hilera de cedros que acotaban el camino de asfalto que el profesor seguía en coche, seguía el rastro, escuchaba más que thunderstruck, escuchaba incluso los latidos del profesor X, si algo se interponía en su camino no tenía más que saltar el obstáculo, saltos que hacían que volara sobre los árboles.

Llegaron de madrugada, detrás de aquella plaza había un garaje abandonado, el profesor apenas podía ver, pero Mrs Robinson sabía bien donde pisaba, tenía la sensación de que sus sentidos se habían multiplicado, escuchaba hojas caer a kilómetros, lo guió hasta el garaje, viejo, el suelo de madera crujía bajo sus pies, el profesor encendió un mechero y bajo aquella tenue luz se descubrió todo un arsenal.

-          Era de uno de los grupos de los que me encargué, todo esto ahora es nuestro, sírvete.

A Mrs Robinson no le hacían falta armas de ningún tipo, pero cogió una hoz y algún que otro cuchillo.

-          Me serán de ayuda cuando quiera despellejar a alguien, quizás quitando la piel la sangre sepa aún mejor, tu coge armas de fuego, te serán más útiles.

El profesor se disponía a coger una de las ametralladoras que colgaban de la pared cuando el suelo empezó a temblar, Mrs Robinson dio un salto, subió al tejado, todo se nubló y una gran nube de polvo impedía la visibilidad para cualquier ser, aquel garaje se estaba desplomando, Mrs Robinson trató de buscar al profesor, para cuando el ruido la dejó escuchar sus latidos el profesor ya estaba inconsciente, en el suelo, una de las vigas que sostenían el frágil techo de madera se había caído sobre sus piernas.


No sabía cuanto tiempo había permanecido inconsciente, pero cuando el profesor abrió los ojos tenía la sensación de que habían pasado años, en lo que parecía una especie de cueva subterránea, sobre un colchón viejo, trató inútilmente de incorporarse, no podía controlar sus piernas, Mrs Robinson, de pie junto a la cama y con los labios aún manchados de sangre, lo miraba con una expresión que sólo él conocía, algo malo había pasado, el profesor X jamás volvería a recuperar sus piernas, al menos las naturales, pero lo cierto es que tras aquella mirada de dolor y angustia de Mrs Robinson se escondía ya una idea, un cambio, iba a llegar, e iba a hacerlos invencibles.





sábado, 25 de agosto de 2012

Black, el regreso.



COMING SOON


jueves, 2 de agosto de 2012

Cumple Mrs Robinson

El aclamado blog Blak&White quiere felicitar a una de sus creadoras y la más activa de sus escritoras.

Un beso muy fuerte por parte del blog y de todos tus seguidores.

Felicidades Black!!

domingo, 29 de julio de 2012

CAPÍTULO 6: EL ESLABÓN PERDIDO


La sala seguía vacía, pero los primeros rayos del sol comenzaban a iluminar aquel suelo de mármol blanco manchado por enormes lagunas de sangre y vísceras que Mrs Robinson había ido desechando conforme se había ido alimentando de ellas.
Mrs Robinson apenas podía soportar la luz solar, sus ojos grises lloraban, sus lágrimas se mezclaban con la sangre que ocupaba la mayor parte de su cara, su cara aún parecía reflejar el terror y la ansiedad más absolutos, seguía sentada en el suelo, agazapada sobre sí misma en la esquina, el profesor X, de pie frente a ella, todavía sostenía aquella enorme escopeta en su mano derecha, trataba de averiguar cómo habían llegado a ese burdel, cómo era posible que Mrs Robinson se hubiera convertido en ese ser cuando no hacía tanto la veía pasear con una vitalidad y una confianza que pocas mujeres son capaces de mostrar, con aquel color rosado en sus mejillas, ahora apenas se podía distinguir su color amarillento de piel entre tanta sangre y vísceras.


-          ¿Por qué aquí?
-          No lo sé- contestó ella sin levantar la mirada, aún presa del pánico.
-          ¿Qué pasó en la operación Caronte, Mrs Robinson? Tú estabas aquí, tú mataste a Tony.

El profesor no obtuvo respuesta, y Mrs Robinson seguía sin poder dar crédito, humedecía sus labios como cuando los yonkies necesitan su droga. Lo cierto es que todo empezó aquella noche, en la operación Caronte, era un golpe a una red de prostitución mexicana, el capo era Tony “el bueno”, lo apodaban así porque conseguía sellar todos sus negocios regalando parte del pedido, sí, trataba a las mujeres como si fueran pura mercancía. El golpe iba a ser en la casa del sol naciente, Tony esperaba encontrarse con Black Cinnamon , era el apodo de Mrs Robinson, que se hacía pasar por una Madame de otro prostíbulo de las afueras, Tony iba a aparecer, y Black Cinnamon tenía orden de cargárselo en cuanto apareciera. Todo parecía haber salido con éxito, la operación se llamaba Caronte porque en cuanto se cargaran a Tony, las puertas del infierno, o de las peores mafias, estarían abiertas para ellos y podrían cargarse desde dentro todos los negocios más turbios de la mafia mexicana, acabarían con la prostitución a nivel mundial, siempre bajo aquella fachada de Black Cinnamon y su supuesto burdel, “Le Deuxième Sexe”.

-          Recibí una carta la noche en la que….bueno, no puedo recordar apenas nada. – Mrs Robinson parecía retomar el control de sí, se esforzó por recordar, cerrando los ojos y respirando profundamente – No me suicidé, juro que no lo hice. Por la mañana recibí una carta de Tony el bueno, aquel tipo, al que me cargué en la operación Caronte era sólo un sustituto, alguien dio el chivatazo, el que se presentó aquí no fue él, estaba avisado de quien era yo, y de cuales eran nuestros planes, sabían que estabas fuera esperando, sabían todo. No recuerdo mucho más de ese día, no sé cómo he llegado a ser esto, lo siguiente que recuerdo es a una chica, creo que era una chica, sacándome de mi propia tumba, y una sed terrible que tenía que saciar a toda costa, una sed que no logro calmar, no es una sed común, desde aquí, desde el suelo puedo escuchar tu corazón latir, bombeando sangre, puedo sentir el recorrido de toda ella, por tu cuerpo, sé los lugares en los que con un ligero toque morirías desangrado en menos de 1 minuto. Es lo único que quiero, sangre.
-          Bueno, no hay mucho que podamos hacer ahora, tenemos que averiguar cómo puedes seguir con vida, tenemos que empezar de 0, seguiremos con el golpe, informaremos al resto, puede que el FBI nos ayude…
-          No piensas con claridad X,- Mrs Robinson no dejó acabar la argumentación de su amigo- yo estoy muerta, hay un certificado de defunción con mi nombre, no puedo dar la cara, ya no pertenezco al mundo al que una vez pertenecí, dentro de mi algo ha cambiado, ahora estamos solos tú y yo, como lo hemos estado siempre, pero tienes razón en algo, hay que seguir con esto, hay que llegar hasta el final…conozco un sitio dónde podemos armarnos, esperaremos a que anochezca para salir de aquí, no soporto la luz solar, apenas puedo ver.



CONTINUARÁ...


domingo, 22 de julio de 2012

CAPÍTULO 5: THE BLOOD ALSO RISES (II parte)


La casa del sol naciente había sido construida en 1810 por los franceses como base militar, pero no tardó mucho en ser tomada por los independentistas españoles, que la transformaron en un lugar de tortura para todo francés que era capturado.
Al acabar la guerra, quemaron aquel lugar y con él, todos los cuerpos mutilados de soldados franceses, fue conocida durante algún tiempo como la casa de las torturas, pero tras aquel incendio no se volvió a saber mucho de la casa del sol naciente hasta casi un siglo después, justo antes de empezar la Primera Guerra Mundial, cuando las precarias condiciones de la península obligaron a construir hospitales para internar a enfermos con tuberculosis, enfermedad que arrasaba el país por aquel entonces.
Aquel hospital derivó más tarde en la conocida facultad de medicina, una de las más prestigiosas e importantes del país, crecieron las historias en torno al lugar, algunos decían que por las noches seguían escuchándose los gritos de los franceses torturados o de los enfermos de tuberculosis, algunos de los profesores perdieron la cabeza en aquel lugar hasta el punto de que, debido al elevado índice de suicidios en aquella facultad, tuvieron que cerrar e interrumpir la docencia de forma indefinida.
Hoy se conoce como la casa del sol naciente, un lugar en el que traficantes y puteros se reúnen para negociar cualquier tipo de asunto turbio; el profesor X y Mrs Robinson dieron un golpe unos meses antes del supuesto suicidio de Mrs Robinson, consiguieron cargarse al líder de una red de prostitución que explotaba a chicas inocentes, pero a pesar de aquel golpe, aquellos traficantes y explotadores sexuales se reunían para seguir negociando.

Era lunes y el Profesor X se dirigía en su Cadillac negro al lugar dónde se efectuó la operación Caronte, buscando un sentido a la nota escondida en el engranaje del reloj que había llegado a sus manos sin tener la menor idea de cómo había podido pasar. Las calles, al amanecer, estaban completamente vacías, parecía un lugar abandonado, el profesor X se bajó del coche y caminó hasta la puerta de la casa del sol naciente, imponente, de roble negro, sacó de lo que parecía un bolsillo interior una pistola y, con prudencia, abrió la puerta que se había encontrado ya entornada. El lugar parecía estar totalmente abandonado, pero la sangre que bajaba desde las escaleras del recibidor delataba que algo no iba bien, el Profesor X fue avanzando lentamente, subió las escaleras que llevaban a un salón central en el que únicamente había una mesa en la que se solía negociar y jugar al póker, pero cuando el Profesor X la vio, no había ni una sola carta encima de la mesa, en su lugar, alrededor de unos veinte cuerpos mutilados, sangrando, se amontonaban como si de un ritual macabro se tratase, ninguno de ellos estaba con vida, sus rostros amarillentos aún conservaban la expresión de terror, como si una bestia hubiera acabado con su vida, el Profesor X tragó saliva, él mismo sabía que matar a aquellos criminales no era nada fácil, y menos de aquella manera tan sangrienta. Siguió avanzando y abrió una de las puertas de la pared de la derecha en la que se encontraban normalmente archivos y otros documentos en los que los mafiosos se encargaban de llevar sus cuentas para saldarlas en caso de incumplimientos de contratos, pero una vez más, no encontró lo que esperaba: allí estaba Mrs Robinson, agazapada sobre un cuerpo, despedazándolo y chupando su sangre como si de un exquisito menú se tratara, levantó la mirada, sus ojos se habían vuelto más claros de su color habitual, parecían casi blancos, y parecían esconder en el fondo un miedo incontrolable.
En aquel momento sonó el teléfono blanco que colgaba de la pared de aquella habitación, el profesor X descolgó:

-          ¿Si?
-          Por fin la has encontrado, ahora sólo falta encontrar a la asesina de tu amiga, lo que ves no te gusta, lo sé, pero no encontré otra forma de salvarle la vida que transformándola en lo que ves, es un vampiro, tendrás que tener paciencia, pero todo acabará volviendo a la normalidad.


Y así fue como el profesor X y Mrs Robinson se embarcaron en lo que sería la mayor aventura de sus vidas, ya no eran los adolescentes normales que se conocieron en aquella cárcel, ahora eran unos superhéroes. 




                                                                                                        CONTINUARÁ

sábado, 14 de julio de 2012

Capítulo 5: THE BLOOD ALSO RISES (I parte)


Abrió los ojos, pero no vio nada, en aquel lugar sólo podía escuchar su respiración acelerada y ese pitido, como una presión en la sien que machacaba su cabeza. La deshidratación era patente, no podía dejar de humedecer sus labios con su lengua, necesitaba beber, una ansiedad descomunal se había apoderado de su cuerpo y ella, medio inconciente aún, no podía controlarlo, se encontraba aturdida y no recordaba ni su nombre, trató de golpear lo que parecía ser una superficie de madera forrada en seda justo en frente de su cara, pero algo detrás de aquella pared presionaba tanto que no pudo terminar de romperla. No sabía donde estaba, trató de llamar pero nadie pudo escucharla, tardó una eternidad en volver a escuchar un sonido diferente al de su propia respiración, parecía una pala, alguien cavando en algún sitio mucho más arriba de donde ella se encontraba.

….

El profesor X fue a la comisaría aquel caluroso mes de Junio, su intuición, que él creía desgastada por el tiempo, le decía que la muerte de su amiga no había sido un suicidio.

-          Por favor, tienen que reabrir el caso o no me van a dejar otra que tomarme la justicia por mi mano.
-          Señor, comparamos la letra, es exactamente igual, que usted diga que su amiga no utilizaba el rojo no es una prueba a presentar ante la corte, es imposible, desista, y, por su bien, le aconsejo que no se tome la justicia por su mano, puede acabar realmente mal. – Aquel policía le hablaba con desdén, casi sin mirarlo a los ojos, mientras se comía aquel donut repleto de mermelada y dejaba caer por su barbilla algo de azúcar glaseado.
-          ¿Por qué iba a poner – vini, vidi, Vinci, no es la típica nota de suicidio, no cree? ¿Por qué iba a suicidarse? Ni siquiera tienen un móvil, y ustedes se hacen llamar justicia… no me advierta entonces nada de lo que yo haga o de cómo van a acabar mis acciones, creo que sé algo más de la vida que alguien que se limita a comer donuts.

El profesor X salió por la puerta de la oficina casi sin escuchar lo que aquel policía le decía porque el pitido en sus oídos cuando se cabreaba ya era frecuente y no permitía que le llegara información posible con la que razonar.
Pasó todo el camino a casa buscando un culpable de la muerte de su amiga, empezaba a volverse loco, estaba tan ensimismado en sus pensamientos que apenas miró a la cara a la señora de la calle Maine que le había preguntado la hora.

-          Las 10 y 40, señora.
-          Gracias.

El profesor siguió un poco más, procurando siempre esconderse tras la sombra de los cipreses que acompañaban el camino haciéndolo parecer incluso más largo, cuando se dio cuenta de que él nunca jamás llevaba reloj, no tenía reloj.
Volvió a subirse la manga y se dio cuenta de que llevaba uno, dorado, bastante ostentoso para su gusto, un reloj que no era suyo. El profesor X se sentó en uno de los bancos de la acera tras un ciprés bastante magullado, se quitó el reloj y trató de recordar cómo había llegado a él. Buscó una explicación lógica para todo aquello y se dio cuenta de que algo inusual había ocurrido aquella noche: el profesor X había dormido 10 horas seguidas, algo totalmente fuera de lo común en una persona con insomnio crónico como el profesor. Corrió hasta su casa lo más rápido que pudo, revisó minuciosamente todo lo que había hecho y tocado aquel día y descubrió el culpable: una taza de té junto al ordenador, había notado, mientras se lo bebía, que sabía de un modo especial, pero no quiso darle importancia debido a su mala maña a la hora de hacer cualquier tipo de infusión. Aquel té llevaba algún tipo de somnífero, el profesor X, probablemente, ya había amanecido con el reloj en su muñeca y sin haberse dado cuenta lo había tenido todo el tiempo.
Todo cobró mucho más sentido al ver la ventana de la cocina, la única de casa sin barrotes, forzada.

El profesor X pasó todo el día examinando aquel reloj sin encontrar absolutamente nada… ¿quién había entrado en su casa? ¿Quién le dejaría allí aquel reloj? ¿Por qué un reloj?
Con demasiadas preguntas era difícil continuar la búsqueda del asesino de su amiga, la ira comenzó a apoderarse del profesor porque sabía, ahora sí tenía la certeza, de que Mrs Robinson había sido asesinada, cogió el reloj de aquella mesita en la que estaba examinándolo y lo arrojó con todas sus fuerzas contra la pared, el reloj cayó al suelo hecho añicos, y una pequeña nota salió disparada junto con algunas otras piezas del engranaje, el profesor fue hasta ella y la abrió y pudo leer una nueva frase, una vez más en color rojo: TU AMIGA NO PAGÓ A CARONTE, AÚN SIGUE CANTANDO EN LA ORILLA.

No fue muy difícil para el profesor X acordarse de la operación Caronte, Mrs Robinson tuvo que quitar del camino a dos criminales que se interponían en la operación y, a pesar del silenciador, para no levantar sospechas en aquel viejo edificio, puso en un tocadiscos una canción con la cual se comunicaba en clave con el profesor X, “The house of the rising sun”.

Aquella canción hacía referencia  a un prostíbulo, que con anterioridad había sido la facultad de medicina de la ciudad, allí escondía la mercancía para que el profesor X fuera a recogerla y acabar la operación con éxito.
El profesor X cogió su gabardina gris y salió corriendo por su puerta, dirección la casa del sol naciente.

      CONTINUARÁ


sábado, 7 de julio de 2012

Una hoja de Golden West.


“Todo está oscuro. Mejor, siempre te había gustado la oscuridad.

Podías perderte para ocultarte. Habías aprendido a desenvolverte bien en ella, agudizaste tus sentidos para ser una criatura más de ese mundo. Gusto, tacto, oído y olfato te hacían diferenciar los hedores de aquel tablero. Pero tu vista jamás pudo acostumbrarse. Era todo de un azul muy oscuro, muchas veces negro. Sacrificaste la visión de tu alrededor por una mancha perenne y ahora cada vez que ves la luz, tienes que huir porque te quema. Encontrabas lo necesario para sobrevivir, hasta ese momento. Ese momento en el que tu alrededor no te era suficiente, necesitabas algo más. Creaste tu trampa casi perfecta. Fuiste decorando todo, a tu gusto o no, para forzar la prueba de la existencia de algo que no creías. Algo en lo que rezabas para estar equivocada. Erguiste tu laberinto personal, sin salidas, sin marcha atrás. Un laberinto que sólo alguien como tú podías diseñar. Levantaste tus propios muros, sellaste las posibles salidas de emergencia, lo llenaste todo de setos y humedad. Trampas por y para ti. Un laberinto lleno de escapatorias que todas conducían a la puerta final. La cual te encargaste de no tener tú la llave. Llevabas razón y te rompiste el alma. Te destrozaste a ti misma inmolándote, buscando algo que para ti fuese real, que mereciese la pena.

Ya no buscas lo necesario para sobrevivir. Tu interior murió en aquel laberinto y ahora te estas dejando morir físicamente. Dejas pasar el tiempo y rechazas cualquier ayuda hasta que sea demasiado tarde para que nadie pueda ayudarte.

La parte buena de todo lo que habías vivido es que mientras estuvieses consciente podías ahuyentar el dolor. Pero esta noche eres demasiado consciente de lo que te pasa, de lo que has hecho y de lo que va a pasar. Irónicamente la única forma de salvarte es aquella llave cuya demostración de no existencia te ha llevado a esta situación...”

Irene salió del ascensor apresuradamente queriendo parar su propio discurso mental. Entró en su apartamento sin encender las luces. Abrió la nevera, bebió desesperadamente de la botella de agua fría atragantándose con ella y manchándose toda la camiseta. Con la botella aún en la mano, se apoyó en su pared favorita de la casa. Aquella pared en la que se había dejado caer hasta el suelo tantas veces para quedarse allí dormida buscando solución a sus problemas. Aunque tenía alcohol en el cuerpo, estaba lúcida, sólo quería limpiarse el sabor agrio de su boca. Se sentó y acabó el poco agua que quedaba. Apoyó la cabeza en la pared mientras se mordía el labio y miró a su alrededor. Por sus ojos habían empezado a caer lágrimas las cuales acabaron en llanto hasta agotar todas sus fuerzas. Se terminó de tumbar sobre el suelo. Estaba lo suficientemente frío para quedarse dormida y así fue.

miércoles, 27 de junio de 2012

El funeral.



Sonaba Green Grass de Tom Waits en aquel funeral, era el primero del Profesor X, y parecía una obra de Calderón de la Barca.
El cuerpo de Mrs Robinson se podía contemplar hasta la mitad a través de aquel ataúd mitad de madera, mitad de cristal, jamás había tenido semejante expresión de serenidad, como si su cuerpo no fuera más un peso que arrastrar, como si los problemas realmente se hubieran solucionado.

El profesor X recordaba todas aquellas aventuras que habían compartido a lo largo de los años, pasaban por su mente como si quisieran poner de manifiesto que ella no se iba a ir, que nunca lo haría, quería parar el tiempo, como tantas otras veces lo habían imaginado, pero esta vez de verdad, quería no ser normal y buscaba entre los recuerdos el eslabón perdido, el momento en el que todo cambió, ese momento o motivo por el cual Mrs Robinson había perdido la vida, ¿qué nos lleva a abandonar lo que queremos?
¿Por qué motivo nos rendimos ante una corriente incierta? ¿Por qué nos desgastamos con el tiempo como si únicamente fuéramos materia en descomposición creando recuerdos para sentirnos vivos, como seres animados con algo que no puede ser terrenal?
Necesariamente tenía que ser algo y no la nada lo que había ocurrido en aquel baño manchado de sangre, casi inundado, dónde flotaba el cuerpo de Mrs Robinson pálido, con las muñecas rasgadas, como los restos desgastados de una voluntad que se ha rendido.
Al meter la mano en el bolsillo derecho de aquella gabardina gris, el Profesor X notó la nota que guardaba, aquella especie de carta que escriben los suicidas para poner de manifiesto que el mundo ha tenido la culpa de su desgracia, veni, vidi, vici…la tinta roja parecía anticipar el crimen.
Pasaron unos segundos antes de que el Profesor X se diera cuenta.. ¿Cómo había podido obviarlo?
Mrs Robinson nunca escribía con tinta roja nada que no fueran números, era una de las muchas manías que aquella chica normal tenía.
A pesar de la posibilidad de haber hecho una excepción antes de su suicidio, El profesor X optó por mantener aquella premisa en la que el suicidio era una forma de acabar con la vida con la que Mrs Robinson nunca estaría de acuerdo, y en caso de que así fuera, renunciar a una de sus manías era algo que no casaba con la actitud de Mrs Robinson.
Mantener todas las posibilidades abiertas hasta agotarlas iba a ser un trabajo duro, pero cuando se trata de mantener vivo uno de los pilares fundamentales en tu vida, cualquier esfuerzo es poco.




martes, 26 de junio de 2012

Historia normal de personas normales según Frank


8:00 a.m. En algún lugar del norte de África.

El viento era lo único que se escuchaba en aquel acantilado. Ambos contemplaban impasibles la inmensidad desierto mientras la arena les azotaba como castigo por no haber actuado antes. Un gigantesco sol se alzaba en el horizonte anunciando que había llegado el día.

-Es el momento de ponerse en marcha- dijo Mia.

El profesor asintió con la cabeza.



10:30 a.m. Bruselas. Sede del Parlamento europeo.

Las fuerzas de seguridad rodeaban el edificio. La expectación era máxima. Cientos de periodistas de todo tipo de nacionalidades informaban minuto a minuto sobre la reunión que allí se estaba produciendo. Multitudinarias manifestaciones de diversas ideologías recorrían la ciudad con un mismo destino final. El mundo pedía esperanza, la posibilidad de construirse un futuro, luchaban por sus hijos y sus nietos. Con el ser humano como única bandera, el pueblo clamaba libertad. Helicópteros, sirenas, megáfonos. La ciudad era una bomba a punto de estallar y los artificieros, como siempre, estaban encerrados en su bunker decidiendo a quien echarle la culpa en vez de decidir si cortar el cable rojo o azul.


10:35 a.m. Bruselas. Sede del Parlamento europeo.

Se va a liar una buena y yo aquí- protestó Frank.

Frank era uno de los vigilantes de seguridad del edificio. Su trabajo consistía en observar por los monitores si había algún problema en los numerosos controles y dar la voz de alarma.

Pero eso no iba a pasar. ¿Cómo iba a ocurrir algo así? La ciudad llevaba sitiada una semana por numerosas medidas de seguridad. Cada jefe de gobierno se había traído a su propio ejercito.

Llevo aquí desde las cinco de la mañana viendo nada-siguió pensando Frank mientras se terminaba una bolsa de patatas que amablemente le había dado un compañero - pero parece que por fin voy a ver algo que merece la pena.

Frank clavó su mirada en el monitor número uno. Había una chica de vestido rojo, debía ser una corresponsal o una política de menor importancia, pues se encontraba a las afueras del Parlamento. Pero el entretenimiento de Frank apenas duro unos instantes pues perdió a la chica de vista.

Mierda- pensó Frank mientras lanzaba la bolsa de patatas vacía contra la mesa- se acabó la diversión.

Entonces la volvió a ver otro instante en el monitor cuatro. Pero eso era imposible, había por lo menos 600 metros entre ambas cámaras y tendría que haber pasado por tres controles, era imposible.

El cansancio te puede- dijo en voz alta- hasta estas hablando solo como un...

Pero no pudo acabar la frase, allí estaba otra vez y ahora estaba seguro de que era ella, en el último monitor, el que daba a la puerta de la cumbre. No sabía como pero esa mujer había burlado todos los controles y a nadie parecía importarle. Tenía que dar la voz de alarma. Buscó su walkie entre sus bolsillos pero alguien le había quitado la batería al igual que a su móvil. Corriendo fue hacia la puerta pero se encontraba cerrada.

¿Cómo habían encerrado a Frank sin que él se diese cuenta? ¿ Y las baterías? ¿Quién era esa chica? -la mente de Frank pensaba muy rápido- ¡La chica!.

Frank volvió a los monitores, se encontraba aturdido, no entendía nada, debía haberse quedado dormido y estaba teniendo una pesadilla. Se forzó a si mismo a despertarse pero la pesadilla continuaba. La gente veía a la chica pasar hacia la reunión y nadie le decía nada. Entonces vio que le acompañaba un chico que le abrió la puerta, pero ella insistió que pasase el chico primero.

La puerta se cerró viendo por última vez a la chica del vestido rojo. Frank se desplomó en su silla, entonces se percató que en la bolsa de patatas sobresalía un pequeño trozo de papel con unos ojos y una sonrisa dibujados. Frank no pensaba ni en su trabajo ni en que lo despedirían, él sólo quería despertar.


10:42 a.m. Bruselas. Sede del Parlamento europeo.

Cadenas de todo el mundo interrumpían sus emisiones para retransmitir en directo la rueda de prensa de los líderes europeos. Las radios emitían silencio a la espera que la canciller alemana ofreciese sus explicaciones. En apenas 12 minutos la reunión había acabado y la preocupación de lo que hubiese pasado en esa sala extenuaba a medio planeta.

Todos se encontraban pálidos y con expresión muy seria. Las cámaras se centraban en el mandatario español que parecía haberse afeitado la barba durante la reunión. Al fin empezó hablar la alemana.

Frank seguía atónito la rueda de prensa desde su prisión, todos los monitores la mostraban. Los líderes europeos ordenaban celebrar nuevas elecciones en todos sus países. Daban por acabado el sistema capitalista, las ayudas al tercer mundo se multiplicaban, sin tener que devolverlas. Se abrían las fronteras, se acabó la palabra ilegal y ellos renunciaban a presentarse de nuevo a la reelección. Era el fin de la era de los mercados y los bancos. Empezaba la era de las personas.

Frank sintió entonces como corría el aire por la habitación, se dió la vuelta y la puerta se encontraba abierta.


8:45 p.m. Bruselas. En algún pub de la capital.

Frank pidió una cerveza y se puso a ver la televisión. Era la final del europeo, la jugaban Alemania contra Portugal. Debía descansar y olvidar lo vivido hoy, aunque era imposible, pues ese día pasaría a la historia.

Pocos después de acabar la rueda de prensa, el jefe de Frank fue hacía él y con la misma expresión pálida y seria que la de los políticos, le dijo que le doblaba el sueldo y además le daba dos semanas de vacaciones. A Frank le iban a venir bien esas vacaciones.

El camarero le trajo la cerveza y dijo que invitaba la casa. Frank le agradeció el gesto y preguntó a que se debía. El camarero le contestó que mirase la cuenta. Frank bajó la mirada hacia la hoja y se encontró la misma cara dibujada que en el papel de la bolsa de patatas. Entonces cayó en la cuenta, el compañero que le trajo la bolsa, el chico que abría la puerta a la mujer de rojo yel camarero, eran el mismo hombre. No se había dado cuenta o no había querido darse cuenta hasta ahora. Alzó la vista hacia el camarero pero allí no estaba él, pero en la mesa estaban las baterías de su walkie y su móvil.

Frank bebió la cerveza de grandes tragos y por el culo del vaso mientras se vaciaba miraba la televisión. Estaba a punto de empezar el partido, mostraban imágenes del palco donde estaban las esposas de los jugadores portugueses y después las esposas de los alemanes. Frank observó atónito la pantalla, sí, allí estaba ella la chica de rojo.

Definitivamente Frank necesitaba esas vacaciones.

viernes, 22 de junio de 2012

Capítulo 2: EL FIN


Profesor X jamás había llorado, su aspecto de tipo duro no se lo permitía, pero ese día era diferente, lloró como nunca lo había hecho.

Llevaba una chupa de cuero y fumaba en una pipa azul que Mrs Robinson le había regalado y estaba sentado en uno de los bancos de aquel cementerio, contemplando una tumba con una maravillosa escultura de mármol, una escultura que le era muy familiar, era Mrs Robinson con aspecto angelical, en una de sus manos tenía un libro <> y en la otra un martillo. (Sí, me cambio el nombre cuando me da la gana, por cierto).
Todos los días, desde aquel 22 de junio en el que encontró su cuerpo, se sentaba en ese mismo banco recordando los días pasados, aquellos días de granizadas y buenas películas de Tarantino, aquellos días en los que el mal aún no había vencido.
Eran las 19:20 de aquel 22 de junio , el Profesor X se disponía, como todas las tardes, a sacar al agente secreto Fry cuando, de camino a casa, observó algo extraño en la casa de Mrs Robinson, por debajo de la puerta salía agua sin parar, probablemente, pensó, se habrá roto alguna tubería, pero cuando se dio cuenta de que la puerta no estaba cerrada con llave un mal presentimiento invadió su mente y, con cautela, entró en aquella casa para encontrarse a Mrs Robinson en una bañera, de sus muñecas salía un hilo de sangre que coloreaba todo el agua, que había sobrepasado la capacidad de la bañera de cerámica, su piel tenía un tono amarillento, y en el suelo, dos cuchillas manchadas de sangre reconocían la culpabilidad del accidente.
Los gritos del Profesor alertaron a la policía, pero, mientras caía al suelo gritando a la par que la policia lo sujetaba, contempló una nota junto a aquellas cuchillas, pudo cogerla antes de que el oficial y la ambulancia entraran en la escena del crimen y levantaran el cuerpo de Mrs Robinson.
La nota estaba escrita en latín y decía:

  Veni, vidi, vinci 

 

Efectivamente, el mal había vencido.



...Continuará....

martes, 1 de mayo de 2012

1.5 Un fragmento de la historia normal, pero en presente simple.

1.5 Un fragmento de la historia normal, pero en presente simple. Los pretéritos los dejaremos para las próximas entregas.


Terminaba abril del 2012, y he de decir, que no pensaban estos personajes llegar tan lejos. Ni tampoco imaginaban lo que aún les quedaba por delante.
Llovía, pero aquel cementerio por el que paseaban tenía tantos colores que más que lluvia, parecían pétalos cayendo del cielo. Hacía frío, a estas alturas del año no debería. Pero es que a estas alturas del año tampoco deberían seguir juntos, tampoco estaban como deberían estar, la noche anterior se habían dado cuenta de los peligroso que era ser personas normales, con historias normales, en un mundo normal, pero rodeados de gente extraña, a la que no comprendían, parecían ser ellos los de otro planeta, pero aquella viscosidad provocada por la banalidad de sus formas de ser delataba que eran los otros los de otra galaxia.

-          ¿Lo ves, profesor X? Todos van de un lado a otro, no tienen nada mejor que hacer. – dijo Mía sentada en aquel banco encima de la colina, desde dónde se podía contemplar toda la ciudad y a sus habitantes, que vagaban de un lado a otro sin rumbo fijo. – Todos lo hacen, la mayoría porque no saben lo que es real, otros porque lo supieron en su momento y vagan buscándolo de nuevo, otros porque se han resignado.

Profesor X no contestó, parecía que abril no terminaba del modo en el que tenía que hacerlo, parecía estar triste, desilusionado, con esa sensación de haber comprobado el vacío de probar lo que no tiene sentido.

-          A pesar de todo podemos considerarnos afortunados, hemos podido probarlo y volver a subir. Me recuerdas a Zaratustra, lo creas o no es un halago, pero hasta él tuvo que bajar para poder gritar y ser escuchado, no hay seres humanos extraordinarios, hay seres humanos con experiencias, de las cuales aprenden, y decidir qué es lo correcto y qué no, es lo que los hace extraordinarios. No puedo decidir ahora si nos hemos equivocado, probablemente lo hemos hecho. Han intentado demostrarme lo equivocada que estaba mil veces y lo he ignorado. Me han hecho creer que lo auténtico no existe, simplemente porque ese esfuerzo de buscarlo les parecía a los demás absurdo, pero yo lo espero, porque sigue siendo algo que no depende de mí.

La conversación se quedó ahí, la oscuridad tiñó aquella escena, y el presente se disolvió. Tuvo que disolverse para poder mostrarle al profesor X, que no hacía ni un mes que casi habíamos asimilado que habíamos perdido, cuando realmente habíamos vencido.
Porque el ganar empieza con una actitud, con la actitud de saber que todo va a ir a mejor, porque no sólo no habían perdido, sino que se habían asegurado quitarse el error del medio, porque una vez hecho, no lo volverían a cometer. 
El camino embarrado, entre las tumbas, se hizo largo, pero era tranquilo.
Lo curioso del destino, al menos en este mes de abril, es que nos hizo creer que habíamos perdido, que nos habíamos quedado con la peor parte, casi hace que nos resignemos a lo absurdo, a encontrar amor plastificado en cualquier falsa sonrisa, a buscar excusas y soluciones a una realidad injusta, a mendigar por algo que ni siquiera existe, a sentir de una forma que hace que nos repugnemos a nosotros mismos. Pero queridos lectores, eso no va con nuestros personajes. Profesor X y Mía Wallace eran de esas personas que luchan hasta el final por lo auténtico, por lo que merece la pena, por lo que no se necesita mendigar, porque simplemente aparece. Ellos no tenían excusas, no miraban hacia otro lado, ellos sentían y miraban a la vida a la cara, incluso cuando ésta trataba de venderles una copia absurda, como al resto, pero ellos no son el resto. 



Nota: en próximos episodios la noche en la que Profesor X consiguió construir la máquina del tiempo y viajamos para recuperar una noche en familia. 

 

We don't bleed when we dont fight. I wont be no runaway.

viernes, 27 de abril de 2012

Historia normal de dos personas normales 1.4

***ADVERTENCIA***

Hay unos hechos similares y de mayor o igual importancia ocurridos con anterioridad al capítulo aquí relatado. Pero no recae en mi el derecho de hacerlo público. Si ella quiere lo hará.
Ahora si, comencemos.

                  . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Ráfagas de viento rompían el silencio fúnebre en las afueras de Carmelinolandia. Igual que todos los días normales, nuestros protagonistas normales se dirigían hacia su centro de reclusión. En esa cárcel alejada de la mano de nuestro dios Karma, reinaba una falsa calma que podía romperse en cualquier momento.

Ese día no fue un día normal o quizás si.

El olor a putrefacción se clavaba en la nariz del profesor X mientras la humedad hacia lo propio con sus huesos. Gemidos de dolor y risas perversas se perdían entre el eco de sus pasos. El profesor X avanzaba por el gris pasillo del maldito establecimiento. Estaba sentado en el hombro de malditazorra1. Igual que King Kong paseo a una bella rubia, malditazorra1 mostraba al profesor X como su trofeo, salvo que ella era el doble de grande y velluda que el adorable primate.

Numerosas criaturas que parecían estar pagando un castigo divino por sus actos cometidos en otras vidas se acercaban en busca de un pedazo de carne fresca. Diferentes razas de trolls, orcos, trasgos, reptiles y engendros de todo tipo que jamás podré describir habitaban por aquella zona. Malformaciones, dientes de sierra, muñones y jorobas no conseguían ensombrecer las ansias de dolor que desprendían sus caras.

El profesor X creyó entender que era una sociedad piramidal dónde se regían por  el olor corporal, en definitiva, las malditaszorras reinaban. En parte se sentía protegido, no se atreverían a tocarle si no querían sentir la furia de una de sus monarcas.

Aquel día normal malditazorra1 dejó al profesor X en su celda, mientras ella se iba a pelear por hembras con otros machos. El profesor X se encontraba solo rodeado de esos seres que desearían devorarlo allí mismo. Ellos abrieron paso a malditazorra2 que se colocó entre ellos y el profesor X.

Entonces ocurrió la conversación que cambiaría la historia de nuestro protagonista.

Ella dijo:
- Hola.
-Hola -respondió él.

Instantáneamente ella empezó a emitir un chillido sin mover la boca. Comenzó a elevarse en el aire y numerosas lagrimas se desprendían de sus ojos, las cuales se quedaban flotando en el aire. El grito se fue haciéndose cada vez mas agudo hasta llegar a ser casi insufrible, entonces ella desapareció.

El profesor X se quedó sentado en el suelo pensando en que había pasado y no se dio cuenta que las lagrimas aun permanecían en el aire. Estas lagrimas empezaron a recorrer aquel antro hipnotizando a todos aquellos que encontraban a su paso. La multitud de engendros comenzó a ponerse agresiva. Empezaron a gritarse entre ellos, hubo algunos empujones y puñetazos aislados, pero todos empezaron a girarse hacia nuestro desdichado protagonista. Malditazorra1 corrió a través de ellos al grito de muerte al monstruo y de un golpe, lanzó al profesor contra la pared. Acorralado en una esquina, totalmente perdido ante aquella masa violenta sin cerebro, el profesor X pensó que ese era su fin.

Escuchaba como entre ellos decidían su suerte, multitud de tormentos cada cual mas cruel jugaban con su estabilidad mental. Era cuestión de tiempo que alguno de ellos perdiese la paciencia y se lanzase hacia el profesor X y comenzase una orgía de sangre y dolor.

Se escucho una explosión que derrumbó uno de los muros.

Mientras el polvo dejado por la explosión se desvanecía, el profesor X escuchó lo que parecían las hélices de un helicóptero. Empezó a dibujarse una silueta, allí estaba ella. Montada en un helicóptero y dirigiendo una enorme ametralladora clavada en él. Vestía un vestido largo azul oscuro, que dejaba ver parte de su pierna izquierda. Llevaba unos casos donde Mia escuchaba walk on the wilde side. Ella reía y gritaba tomad plomo malditos cabrones.

El ejercito del inframundo no esperaba tal ataque y corrían despavoridos ante la lluvia metálica que les estaba regalando Mia. No era la lluvia que necesitaban para limpiar aquel olor que desprendían, pero era una limpieza necesaria al fin y al cabo. El profesor X abrumado por la velocidad a la que se estaba desarrollando creyo entender entre los labios pintados de Mia la frase: "me encanta el olor a Naplam por las mañanas."

El helicóptero tomó tierra llevándose otro escuadrón enemigo por delante. Entonces ella soltó la ametralladora y cogió del techo del aparato dos lanzallamas. Danzando al ritmo de la música que escuchaba comenzó un baile de fuego y muerte. Girando sobre si misma, cruzando los brazos rítmica mente llegó a la posición del profesor X. Soltó los lanzallamas a la vez y antes de que tocaran el suelo, sacó una cuchilla de su media y la lanzo hacia atrás sin mirar noqueando a malditazorra1 que se estaba abalanzando sobre ella. Mia sonrió y cogió al profesor X por el brazo.

- Vamos grandullón, es hora de irse a casa.

El pasillo hacia el helicóptero estaba delimitado a ambos lados por los cuerpos en llamas de muchos enemigos caídos. Mia ayudó al profesor X a subirse al helicóptero y tras dos golpes en el metal, el piloto entendió que debía despegar. Mia soltó dos granadas que había dejado al pie de la ametralladora.

El profesor X miró a Mia mientras el helicóptero se alejaba de aquel infierno, las dos granadas explotaron a lo lejos e iluminaron la cara de Mia. Mia miró al profesor y le dijo:

-Estamos en lo que parece una guerra imposible contra el reinado de las malditaszorras, pero recuerda mi querido amigo, la República siempre gana.


miércoles, 25 de abril de 2012

Historia normal de dos personas normales 1.3



-          ¡PERO QUÉ DICESSS!!!!! NO FUE ASÍ EN ABSOLUTOO!!!!!!!- le dijo ella al profesor X por teléfono (somos así de románticos, nos vemos 1 vez al mes, pero msn y teléfono que no falte) – Mira, lo mejor es que digamos la verdad, no podemos engañar a nuestros lectores…tenemos que saltarnos la parte aburrida de conversaciones con mediadores de por medio….hay que ser fieles a la verdad, así como lo hacen nuestras carreras:

Nota*: Profesor X estudia matemáticas o herejías varias, y La musa de Tarantino( también denominada Mia Wallace) estudia filosofía o el noble arte de soltar cualquier gilipollez de forma culta.

“Corría el año 2008 o 2009, hacía ya un par de semanas de aquella excursión a los castillos de Isengard, dónde el profesor X demostró ser un capullo integral, era una noche fría, y en aquella habitación se habían reunido toda clase de seres, desde Malditaszorritas hasta trolls fascistas, incluyendo cabezudos de cornualles y súcubos.
En aquella habitación fangosa (debido al alcohol y a las hormonas adolescentes que se derramaban por el suelo), nuestros amigos Profesor X y Mía Wallace se enfrentaron juntos a la que sería una de las batallas más importantes de su vida: la primera conversación a solas.
La noche parecía tranquila, cual bacanal romana, los animales bebían y disfrutaban de una música realmente horrible, pero oye, no nos culpéis por nacer en el 90 y coincidir con el reggaeton y otras mierdas, continúo, la noche parecía tranquila, pero de pronto…se escucharon gritos y los llantos del señor Cabezóncapullo alarmaron a nuestros amigos.
Él, que se encontraba con el grupo menos peligroso de trolls fascistas, lanzó una mirada a la mesa desde la cual se habían escuchado a su amigo.
Ella, que para qué negarlo, estaba fumando marihuana con el Troll cerebrodeguisante también conocido como Payaso1, se levantó con el porro entre los labios, y lanzando una mirada desafiante al resto de trolls de la sala, se dirigió a la mesa.
Y allí estaban, la sexy Mía Wallace y el profesor X…consolando al señor Cabezóncapullo. Podría contar la historia de por qué lloraba el señor Cabezóncapullo pero la historia es la de siempre: adolescencia+alcohol+malditazorritacalientapenes.

-          ¿Qué hacemos? – Dijo el profesor X a Mia, ambos se habían sentado en el sofá de terciopelo esmeralda que había detrás de la mesa dónde el señor Cabezóncapullo lloraba.
-          ¿Estás pensando lo mismo que yo? – contestó Mía apagando el canuto en aquel cenicero azabache.
-          Sí – dijo el profesor X mientras rompía una botella de cristal en la mesa- Vamos a jugar, nena.

(Nota: nunca pasa. Nunca piensan lo mismo, es algo imposible, no pueden pensar lo mismo porque cada uno es de un planeta diferente, pero suelen decirselo porque molan).

A pesar de lo mucho que le gustaba a Mía desgarrar Malditaszorritas con una botella de cristal rota, decidió sacar de su bolso (era enorme, vale?) su AK 47 recortada, la cargó y…

-          OHHH NOOOOOO!!!! SIEMPRE IGUAL! TODOS CONTRA MÍ!!! POR QUÉ?? SI SOY BUENA, CASTA, PURA, Y HAGO TODO CON BUENÍSIMA INTENCIÓN?

Esa era la orden….todos aquellos seres se unieron formando una especie de tranformer estúpido. Y esa había sido su primera conversación a solas, en aquel sillón verde esmeralda, rodeados de idiotas, ella en tensión por si Malditazorrita1 se ponía celosa, sí, era de esperar, Malditazorrita1 medía 2 metros y tenía la figura de Silvester Stalone, nadie en su sano juicio se metería con ella ( ni nada en ella, que el que avisa no es traidor).
La guerra había comenzado…Mía y el profesor X contra el mundo.

-          Mucho mejor- reconoció el Profesor X al otro lado del teléfono.- Siempre haces todo bien y perfecto, por eso eres la mejor y te adoro, no sé qué haría sin ti, supongo que morirme porque no valgo para nada si no te tengo a mi lado.

En fin, como dice J.K Rowling en Harry Potter y la piedra filosofal:

HAY ALGUNAS COSAS QUE NO SE PUEDEN COMPARTIR SIN TERMINAR UNIDOS, Y DERRUMBAR A UN TROL DE TRES METROS Y MEDIO ES UNA DE ESAS COSAS.