Terminaba abril del 2012, y he de decir, que no pensaban
estos personajes llegar tan lejos. Ni tampoco imaginaban lo que aún les quedaba
por delante.
Llovía, pero aquel cementerio por el que paseaban tenía
tantos colores que más que lluvia, parecían pétalos cayendo del cielo. Hacía frío,
a estas alturas del año no debería. Pero es que a estas alturas del año tampoco
deberían seguir juntos, tampoco estaban como deberían estar, la noche anterior
se habían dado cuenta de los peligroso que era ser personas normales, con
historias normales, en un mundo normal, pero rodeados de gente extraña, a la
que no comprendían, parecían ser ellos los de otro planeta, pero aquella
viscosidad provocada por la banalidad de sus formas de ser delataba que eran los
otros los de otra galaxia.
-
¿Lo ves, profesor X? Todos van de un lado a otro, no
tienen nada mejor que hacer. – dijo Mía sentada en aquel banco encima de la
colina, desde dónde se podía contemplar toda la ciudad y a sus habitantes, que
vagaban de un lado a otro sin rumbo fijo. – Todos lo hacen, la mayoría porque
no saben lo que es real, otros porque lo supieron en su momento y vagan buscándolo
de nuevo, otros porque se han resignado.
Profesor X no contestó, parecía que abril no terminaba del
modo en el que tenía que hacerlo, parecía estar triste, desilusionado, con esa
sensación de haber comprobado el vacío de probar lo que no tiene sentido.
-
A pesar de todo podemos considerarnos afortunados,
hemos podido probarlo y volver a subir. Me recuerdas a Zaratustra, lo creas o
no es un halago, pero hasta él tuvo que bajar para poder gritar y ser
escuchado, no hay seres humanos extraordinarios, hay seres humanos con
experiencias, de las cuales aprenden, y decidir qué es lo correcto y qué no, es
lo que los hace extraordinarios. No puedo decidir ahora si nos hemos
equivocado, probablemente lo hemos hecho. Han intentado demostrarme lo
equivocada que estaba mil veces y lo he ignorado. Me han hecho creer que lo auténtico
no existe, simplemente porque ese esfuerzo de buscarlo les parecía a los demás
absurdo, pero yo lo espero, porque sigue siendo algo que no depende de mí.
La conversación se quedó ahí, la oscuridad tiñó aquella
escena, y el presente se disolvió. Tuvo que disolverse para poder mostrarle al
profesor X, que no hacía ni un mes que casi habíamos asimilado que habíamos
perdido, cuando realmente habíamos vencido.
Porque el ganar empieza con una actitud, con la actitud de
saber que todo va a ir a mejor, porque no sólo no habían perdido, sino que se
habían asegurado quitarse el error del medio, porque una vez hecho, no lo
volverían a cometer.
El camino embarrado, entre las tumbas, se hizo largo, pero
era tranquilo.
Lo curioso del destino, al menos en este mes de abril, es
que nos hizo creer que habíamos perdido, que nos habíamos quedado con la peor
parte, casi hace que nos resignemos a lo absurdo, a encontrar amor plastificado
en cualquier falsa sonrisa, a buscar excusas y soluciones a una realidad
injusta, a mendigar por algo que ni siquiera existe, a sentir de una forma que
hace que nos repugnemos a nosotros mismos. Pero queridos lectores, eso no va
con nuestros personajes. Profesor X y Mía Wallace eran de esas personas que
luchan hasta el final por lo auténtico, por lo que merece la pena, por lo que
no se necesita mendigar, porque simplemente aparece. Ellos no tenían excusas,
no miraban hacia otro lado, ellos sentían y miraban a la vida a la cara,
incluso cuando ésta trataba de venderles una copia absurda, como al resto, pero
ellos no son el resto.
Nota: en próximos episodios la noche en la que Profesor X consiguió construir la máquina del tiempo y viajamos para recuperar una noche en familia.
We don't bleed when we dont fight. I wont be no runaway.
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