La sala seguía vacía, pero los
primeros rayos del sol comenzaban a iluminar aquel suelo de mármol blanco
manchado por enormes lagunas de sangre y vísceras que Mrs Robinson había ido
desechando conforme se había ido alimentando de ellas.
Mrs Robinson apenas podía soportar
la luz solar, sus ojos grises lloraban, sus lágrimas se mezclaban con la sangre
que ocupaba la mayor parte de su cara, su cara aún parecía reflejar el terror y
la ansiedad más absolutos, seguía sentada en el suelo, agazapada sobre sí misma
en la esquina, el profesor X, de pie frente a ella, todavía sostenía aquella
enorme escopeta en su mano derecha, trataba de averiguar cómo habían llegado a
ese burdel, cómo era posible que Mrs Robinson se hubiera convertido en ese ser
cuando no hacía tanto la veía pasear con una vitalidad y una confianza que
pocas mujeres son capaces de mostrar, con aquel color rosado en sus mejillas,
ahora apenas se podía distinguir su color amarillento de piel entre tanta
sangre y vísceras.
-
¿Por qué aquí?
-
No lo sé- contestó ella sin levantar la mirada, aún
presa del pánico.
-
¿Qué pasó en la operación Caronte, Mrs Robinson? Tú
estabas aquí, tú mataste a Tony.
El profesor no obtuvo respuesta, y
Mrs Robinson seguía sin poder dar crédito, humedecía sus labios como cuando los
yonkies necesitan su droga. Lo cierto es que todo empezó aquella noche, en la
operación Caronte, era un golpe a una red de prostitución mexicana, el capo era
Tony “el bueno”, lo apodaban así porque conseguía sellar todos sus negocios
regalando parte del pedido, sí, trataba a las mujeres como si fueran pura
mercancía. El golpe iba a ser en la casa del sol naciente, Tony esperaba
encontrarse con Black Cinnamon , era el apodo de Mrs Robinson, que se hacía
pasar por una Madame de otro prostíbulo de las afueras, Tony iba a aparecer, y
Black Cinnamon tenía orden de cargárselo en cuanto apareciera. Todo parecía
haber salido con éxito, la operación se llamaba Caronte porque en cuanto se
cargaran a Tony, las puertas del infierno, o de las peores mafias, estarían
abiertas para ellos y podrían cargarse desde dentro todos los negocios más
turbios de la mafia mexicana, acabarían con la prostitución a nivel mundial,
siempre bajo aquella fachada de Black Cinnamon y su supuesto burdel, “Le Deuxième Sexe”.
-
Recibí una carta la noche en la
que….bueno, no puedo recordar apenas nada. – Mrs Robinson parecía retomar el
control de sí, se esforzó por recordar, cerrando los ojos y respirando
profundamente – No me suicidé, juro que no lo hice. Por la mañana recibí una
carta de Tony el bueno, aquel tipo, al que me cargué en la operación Caronte
era sólo un sustituto, alguien dio el chivatazo, el que se presentó aquí no fue
él, estaba avisado de quien era yo, y de cuales eran nuestros planes, sabían
que estabas fuera esperando, sabían todo. No recuerdo mucho más de ese día, no
sé cómo he llegado a ser esto, lo siguiente que recuerdo es a una chica, creo
que era una chica, sacándome de mi propia tumba, y una sed terrible que tenía
que saciar a toda costa, una sed que no logro calmar, no es una sed común,
desde aquí, desde el suelo puedo escuchar tu corazón latir, bombeando sangre, puedo
sentir el recorrido de toda ella, por tu cuerpo, sé los lugares en los que con
un ligero toque morirías desangrado en menos de 1 minuto. Es lo único que
quiero, sangre.
-
Bueno, no hay mucho que podamos
hacer ahora, tenemos que averiguar cómo puedes seguir con vida, tenemos que
empezar de 0, seguiremos con el golpe, informaremos al resto, puede que el FBI
nos ayude…
-
No piensas con claridad X,- Mrs
Robinson no dejó acabar la argumentación de su amigo- yo estoy muerta, hay un
certificado de defunción con mi nombre, no puedo dar la cara, ya no pertenezco
al mundo al que una vez pertenecí, dentro de mi algo ha cambiado, ahora estamos
solos tú y yo, como lo hemos estado siempre, pero tienes razón en algo, hay que
seguir con esto, hay que llegar hasta el final…conozco un sitio dónde podemos
armarnos, esperaremos a que anochezca para salir de aquí, no soporto la luz
solar, apenas puedo ver.
CONTINUARÁ...

