Tardó algo más de dos meses en
reconstruir sus piernas, no eran las mismas, probablemente aquellas vigas
tocaron un punto clave en su columna que hicieron que el profesor no pudiera
andar.
Mrs Robinson también había
cambiado su rutina, cazaba durante las noches y durante el día continuaba con
aquel trabajo de ingeniería que el profesor ideaba por el día.
No eran las mismas, no sabían si
podría correr, caminar, vivir de la misma forma en la que lo hacía antes, pero
no quedaba otra y de alguna forma se sentían orgullosos de haber conseguido
cambiar, construir unas nuevas. Eran de acero, conectados con su columna
mediante tornillos, eran más pesadas.
Los primeros pasos siempre
cuestan, los primeros intentos fueron los más duros, pero a las semanas de
tener aquellas piernas nuevas ya eran casi suyas.
-
Tenemos que volver, lo sabes, ¿Verdad? – Mrs Robinson
hablaba desde aquel sótano, en la esquina, aún era demasiado sensible a la luz.
-
Algún día, eso tenlo por seguro.
Recordaban la emoción del primer día,
el momento en el que Mrs Robinson despertó, el momento en el que no estaba
muerta, cuando se dieron cuenta de todo, cuando querían volver. La música, el
coche, las ganas de ir a por todas, la oscuridad parecía su amiga, bajo aquella
máscara de asesina y depredadora se escondía una alimaña, alguien con miedo a
la luz, apenas sabían quienes eran, ¿cómo iban a saber hacia dónde ir?
El contexto había cambiado y
empezaban a sentir angustia por el presente imaginando que cualquier tiempo
pasado fue mejor, quizás ella nunca debió despertar, y él no haber investigado
aquel asesinato, el anhelo de una vida normal se hacía cada vez más fuerte, aún
cuando sabían que aquellos días no fueron mucho mejores, aún cuando se sentían
orgullosos de todo lo que habían superado, supusieron que la valoración del
presente no se hace nunca con suficiente perspectiva, que bajo la óptica del
pasado todo se ve de un color más claro y el futuro pinta siempre peor si
esperamos y deseamos algo y mejor si lo que queremos es huir de lo que tenemos.
No eran sólo las piernas del
profesor lo que tenían que reparar, Mrs Robinson no podía contener sus ganas de
sangre, asesinaba por las noches casi sin control a cualquiera que se interponía
en su camino, procuraba ir tras ladrones y asesinos, pero no siempre podía ir
tras ellos, de algún modo tenía que frenar la dependencia, no podía seguir
dejando una estela de cuerpos mutilados tras de sí.
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