***ADVERTENCIA***
Hay unos hechos similares y de mayor o igual importancia ocurridos con anterioridad al capítulo aquí relatado. Pero no recae en mi el derecho de hacerlo público. Si ella quiere lo hará.
Ahora si, comencemos.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Ráfagas de viento rompían el silencio fúnebre en las afueras de Carmelinolandia. Igual que todos los días normales, nuestros protagonistas normales se dirigían hacia su centro de reclusión. En esa cárcel alejada de la mano de nuestro dios Karma, reinaba una falsa calma que podía romperse en cualquier momento.
Ese día no fue un día normal o quizás si.
El olor a putrefacción se clavaba en la nariz del profesor X mientras la humedad hacia lo propio con sus huesos. Gemidos de dolor y risas perversas se perdían entre el eco de sus pasos. El profesor X avanzaba por el gris pasillo del maldito establecimiento. Estaba sentado en el hombro de malditazorra1. Igual que King Kong paseo a una bella rubia, malditazorra1 mostraba al profesor X como su trofeo, salvo que ella era el doble de grande y velluda que el adorable primate.
Numerosas criaturas que parecían estar pagando un castigo divino por sus actos cometidos en otras vidas se acercaban en busca de un pedazo de carne fresca. Diferentes razas de trolls, orcos, trasgos, reptiles y engendros de todo tipo que jamás podré describir habitaban por aquella zona. Malformaciones, dientes de sierra, muñones y jorobas no conseguían ensombrecer las ansias de dolor que desprendían sus caras.
El profesor X creyó entender que era una sociedad piramidal dónde se regían por el olor corporal, en definitiva, las malditaszorras reinaban. En parte se sentía protegido, no se atreverían a tocarle si no querían sentir la furia de una de sus monarcas.
Aquel día normal malditazorra1 dejó al profesor X en su celda, mientras ella se iba a pelear por hembras con otros machos. El profesor X se encontraba solo rodeado de esos seres que desearían devorarlo allí mismo. Ellos abrieron paso a malditazorra2 que se colocó entre ellos y el profesor X.
Entonces ocurrió la conversación que cambiaría la historia de nuestro protagonista.
Ella dijo:
- Hola.
-Hola -respondió él.
Instantáneamente ella empezó a emitir un chillido sin mover la boca. Comenzó a elevarse en el aire y numerosas lagrimas se desprendían de sus ojos, las cuales se quedaban flotando en el aire. El grito se fue haciéndose cada vez mas agudo hasta llegar a ser casi insufrible, entonces ella desapareció.
El profesor X se quedó sentado en el suelo pensando en que había pasado y no se dio cuenta que las lagrimas aun permanecían en el aire. Estas lagrimas empezaron a recorrer aquel antro hipnotizando a todos aquellos que encontraban a su paso. La multitud de engendros comenzó a ponerse agresiva. Empezaron a gritarse entre ellos, hubo algunos empujones y puñetazos aislados, pero todos empezaron a girarse hacia nuestro desdichado protagonista. Malditazorra1 corrió a través de ellos al grito de muerte al monstruo y de un golpe, lanzó al profesor contra la pared. Acorralado en una esquina, totalmente perdido ante aquella masa violenta sin cerebro, el profesor X pensó que ese era su fin.
Escuchaba como entre ellos decidían su suerte, multitud de tormentos cada cual mas cruel jugaban con su estabilidad mental. Era cuestión de tiempo que alguno de ellos perdiese la paciencia y se lanzase hacia el profesor X y comenzase una orgía de sangre y dolor.
Se escucho una explosión que derrumbó uno de los muros.
Mientras el polvo dejado por la explosión se desvanecía, el profesor X escuchó lo que parecían las hélices de un helicóptero. Empezó a dibujarse una silueta, allí estaba ella. Montada en un helicóptero y dirigiendo una enorme ametralladora clavada en él. Vestía un vestido largo azul oscuro, que dejaba ver parte de su pierna izquierda. Llevaba unos casos donde Mia escuchaba walk on the wilde side. Ella reía y gritaba tomad plomo malditos cabrones.
El ejercito del inframundo no esperaba tal ataque y corrían despavoridos ante la lluvia metálica que les estaba regalando Mia. No era la lluvia que necesitaban para limpiar aquel olor que desprendían, pero era una limpieza necesaria al fin y al cabo. El profesor X abrumado por la velocidad a la que se estaba desarrollando creyo entender entre los labios pintados de Mia la frase: "me encanta el olor a Naplam por las mañanas."
El helicóptero tomó tierra llevándose otro escuadrón enemigo por delante. Entonces ella soltó la ametralladora y cogió del techo del aparato dos lanzallamas. Danzando al ritmo de la música que escuchaba comenzó un baile de fuego y muerte. Girando sobre si misma, cruzando los brazos rítmica mente llegó a la posición del profesor X. Soltó los lanzallamas a la vez y antes de que tocaran el suelo, sacó una cuchilla de su media y la lanzo hacia atrás sin mirar noqueando a malditazorra1 que se estaba abalanzando sobre ella. Mia sonrió y cogió al profesor X por el brazo.
- Vamos grandullón, es hora de irse a casa.
El pasillo hacia el helicóptero estaba delimitado a ambos lados por los cuerpos en llamas de muchos enemigos caídos. Mia ayudó al profesor X a subirse al helicóptero y tras dos golpes en el metal, el piloto entendió que debía despegar. Mia soltó dos granadas que había dejado al pie de la ametralladora.
El profesor X miró a Mia mientras el helicóptero se alejaba de aquel infierno, las dos granadas explotaron a lo lejos e iluminaron la cara de Mia. Mia miró al profesor y le dijo:
-Estamos en lo que parece una guerra imposible contra el reinado de las malditaszorras, pero recuerda mi querido amigo, la República siempre gana.
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