martes, 26 de junio de 2012

Historia normal de personas normales según Frank


8:00 a.m. En algún lugar del norte de África.

El viento era lo único que se escuchaba en aquel acantilado. Ambos contemplaban impasibles la inmensidad desierto mientras la arena les azotaba como castigo por no haber actuado antes. Un gigantesco sol se alzaba en el horizonte anunciando que había llegado el día.

-Es el momento de ponerse en marcha- dijo Mia.

El profesor asintió con la cabeza.



10:30 a.m. Bruselas. Sede del Parlamento europeo.

Las fuerzas de seguridad rodeaban el edificio. La expectación era máxima. Cientos de periodistas de todo tipo de nacionalidades informaban minuto a minuto sobre la reunión que allí se estaba produciendo. Multitudinarias manifestaciones de diversas ideologías recorrían la ciudad con un mismo destino final. El mundo pedía esperanza, la posibilidad de construirse un futuro, luchaban por sus hijos y sus nietos. Con el ser humano como única bandera, el pueblo clamaba libertad. Helicópteros, sirenas, megáfonos. La ciudad era una bomba a punto de estallar y los artificieros, como siempre, estaban encerrados en su bunker decidiendo a quien echarle la culpa en vez de decidir si cortar el cable rojo o azul.


10:35 a.m. Bruselas. Sede del Parlamento europeo.

Se va a liar una buena y yo aquí- protestó Frank.

Frank era uno de los vigilantes de seguridad del edificio. Su trabajo consistía en observar por los monitores si había algún problema en los numerosos controles y dar la voz de alarma.

Pero eso no iba a pasar. ¿Cómo iba a ocurrir algo así? La ciudad llevaba sitiada una semana por numerosas medidas de seguridad. Cada jefe de gobierno se había traído a su propio ejercito.

Llevo aquí desde las cinco de la mañana viendo nada-siguió pensando Frank mientras se terminaba una bolsa de patatas que amablemente le había dado un compañero - pero parece que por fin voy a ver algo que merece la pena.

Frank clavó su mirada en el monitor número uno. Había una chica de vestido rojo, debía ser una corresponsal o una política de menor importancia, pues se encontraba a las afueras del Parlamento. Pero el entretenimiento de Frank apenas duro unos instantes pues perdió a la chica de vista.

Mierda- pensó Frank mientras lanzaba la bolsa de patatas vacía contra la mesa- se acabó la diversión.

Entonces la volvió a ver otro instante en el monitor cuatro. Pero eso era imposible, había por lo menos 600 metros entre ambas cámaras y tendría que haber pasado por tres controles, era imposible.

El cansancio te puede- dijo en voz alta- hasta estas hablando solo como un...

Pero no pudo acabar la frase, allí estaba otra vez y ahora estaba seguro de que era ella, en el último monitor, el que daba a la puerta de la cumbre. No sabía como pero esa mujer había burlado todos los controles y a nadie parecía importarle. Tenía que dar la voz de alarma. Buscó su walkie entre sus bolsillos pero alguien le había quitado la batería al igual que a su móvil. Corriendo fue hacia la puerta pero se encontraba cerrada.

¿Cómo habían encerrado a Frank sin que él se diese cuenta? ¿ Y las baterías? ¿Quién era esa chica? -la mente de Frank pensaba muy rápido- ¡La chica!.

Frank volvió a los monitores, se encontraba aturdido, no entendía nada, debía haberse quedado dormido y estaba teniendo una pesadilla. Se forzó a si mismo a despertarse pero la pesadilla continuaba. La gente veía a la chica pasar hacia la reunión y nadie le decía nada. Entonces vio que le acompañaba un chico que le abrió la puerta, pero ella insistió que pasase el chico primero.

La puerta se cerró viendo por última vez a la chica del vestido rojo. Frank se desplomó en su silla, entonces se percató que en la bolsa de patatas sobresalía un pequeño trozo de papel con unos ojos y una sonrisa dibujados. Frank no pensaba ni en su trabajo ni en que lo despedirían, él sólo quería despertar.


10:42 a.m. Bruselas. Sede del Parlamento europeo.

Cadenas de todo el mundo interrumpían sus emisiones para retransmitir en directo la rueda de prensa de los líderes europeos. Las radios emitían silencio a la espera que la canciller alemana ofreciese sus explicaciones. En apenas 12 minutos la reunión había acabado y la preocupación de lo que hubiese pasado en esa sala extenuaba a medio planeta.

Todos se encontraban pálidos y con expresión muy seria. Las cámaras se centraban en el mandatario español que parecía haberse afeitado la barba durante la reunión. Al fin empezó hablar la alemana.

Frank seguía atónito la rueda de prensa desde su prisión, todos los monitores la mostraban. Los líderes europeos ordenaban celebrar nuevas elecciones en todos sus países. Daban por acabado el sistema capitalista, las ayudas al tercer mundo se multiplicaban, sin tener que devolverlas. Se abrían las fronteras, se acabó la palabra ilegal y ellos renunciaban a presentarse de nuevo a la reelección. Era el fin de la era de los mercados y los bancos. Empezaba la era de las personas.

Frank sintió entonces como corría el aire por la habitación, se dió la vuelta y la puerta se encontraba abierta.


8:45 p.m. Bruselas. En algún pub de la capital.

Frank pidió una cerveza y se puso a ver la televisión. Era la final del europeo, la jugaban Alemania contra Portugal. Debía descansar y olvidar lo vivido hoy, aunque era imposible, pues ese día pasaría a la historia.

Pocos después de acabar la rueda de prensa, el jefe de Frank fue hacía él y con la misma expresión pálida y seria que la de los políticos, le dijo que le doblaba el sueldo y además le daba dos semanas de vacaciones. A Frank le iban a venir bien esas vacaciones.

El camarero le trajo la cerveza y dijo que invitaba la casa. Frank le agradeció el gesto y preguntó a que se debía. El camarero le contestó que mirase la cuenta. Frank bajó la mirada hacia la hoja y se encontró la misma cara dibujada que en el papel de la bolsa de patatas. Entonces cayó en la cuenta, el compañero que le trajo la bolsa, el chico que abría la puerta a la mujer de rojo yel camarero, eran el mismo hombre. No se había dado cuenta o no había querido darse cuenta hasta ahora. Alzó la vista hacia el camarero pero allí no estaba él, pero en la mesa estaban las baterías de su walkie y su móvil.

Frank bebió la cerveza de grandes tragos y por el culo del vaso mientras se vaciaba miraba la televisión. Estaba a punto de empezar el partido, mostraban imágenes del palco donde estaban las esposas de los jugadores portugueses y después las esposas de los alemanes. Frank observó atónito la pantalla, sí, allí estaba ella la chica de rojo.

Definitivamente Frank necesitaba esas vacaciones.

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