8:00 a.m. En algún lugar del norte de
África.
El viento era lo único que se
escuchaba en aquel acantilado. Ambos contemplaban impasibles la
inmensidad desierto mientras la arena les azotaba como castigo por no
haber actuado antes. Un gigantesco sol se alzaba en el horizonte
anunciando que había llegado el día.
-Es el momento de ponerse en marcha-
dijo Mia.
El profesor asintió con la cabeza.
10:30 a.m. Bruselas. Sede del
Parlamento europeo.
Las fuerzas de seguridad rodeaban el
edificio. La expectación era máxima. Cientos de periodistas de todo
tipo de nacionalidades informaban minuto a minuto sobre la reunión
que allí se estaba produciendo. Multitudinarias manifestaciones de
diversas ideologías recorrían la ciudad con un mismo destino final.
El mundo pedía esperanza, la posibilidad de construirse un futuro,
luchaban por sus hijos y sus nietos. Con el ser humano como única
bandera, el pueblo clamaba libertad. Helicópteros, sirenas,
megáfonos. La ciudad era una bomba a punto de estallar y los
artificieros, como siempre, estaban encerrados en su bunker
decidiendo a quien echarle la culpa en vez de decidir si cortar el
cable rojo o azul.
10:35 a.m. Bruselas. Sede del
Parlamento europeo.
Se va a liar una buena y yo aquí-
protestó Frank.
Frank era uno de los vigilantes de
seguridad del edificio. Su trabajo consistía en observar por los
monitores si había algún problema en los numerosos controles y dar
la voz de alarma.
Pero eso no iba a pasar. ¿Cómo iba a
ocurrir algo así? La ciudad llevaba sitiada una semana por numerosas
medidas de seguridad. Cada jefe de gobierno se había traído a su
propio ejercito.
Llevo aquí desde las cinco de la
mañana viendo nada-siguió pensando Frank mientras se terminaba una
bolsa de patatas que amablemente le había dado un compañero - pero
parece que por fin voy a ver algo que merece la pena.
Frank clavó su mirada en el monitor
número uno. Había una chica de vestido rojo, debía ser una
corresponsal o una política de menor importancia, pues se encontraba
a las afueras del Parlamento. Pero el entretenimiento de Frank apenas
duro unos instantes pues perdió a la chica de vista.
Mierda- pensó Frank mientras lanzaba
la bolsa de patatas vacía contra la mesa- se acabó la diversión.
Entonces la volvió a ver otro instante
en el monitor cuatro. Pero eso era imposible, había por lo menos 600
metros entre ambas cámaras y tendría que haber pasado por tres
controles, era imposible.
El cansancio te puede- dijo en voz
alta- hasta estas hablando solo como un...
Pero no pudo acabar la frase, allí
estaba otra vez y ahora estaba seguro de que era ella, en el último
monitor, el que daba a la puerta de la cumbre. No sabía como pero
esa mujer había burlado todos los controles y a nadie parecía
importarle. Tenía que dar la voz de alarma. Buscó su walkie entre
sus bolsillos pero alguien le había quitado la batería al igual que
a su móvil. Corriendo fue hacia la puerta pero se encontraba
cerrada.
¿Cómo habían encerrado a Frank sin
que él se diese cuenta? ¿ Y las baterías? ¿Quién era esa chica?
-la mente de Frank pensaba muy rápido- ¡La chica!.
Frank volvió a los monitores, se
encontraba aturdido, no entendía nada, debía haberse quedado
dormido y estaba teniendo una pesadilla. Se forzó a si mismo a
despertarse pero la pesadilla continuaba. La gente veía a la chica
pasar hacia la reunión y nadie le decía nada. Entonces vio que le
acompañaba un chico que le abrió la puerta, pero ella insistió que
pasase el chico primero.
La puerta se cerró viendo por última
vez a la chica del vestido rojo. Frank se desplomó en su silla,
entonces se percató que en la bolsa de patatas sobresalía un
pequeño trozo de papel con unos ojos y una sonrisa dibujados. Frank
no pensaba ni en su trabajo ni en que lo despedirían, él sólo
quería despertar.
10:42 a.m. Bruselas. Sede del
Parlamento europeo.
Cadenas de todo el mundo interrumpían
sus emisiones para retransmitir en directo la rueda de prensa de los
líderes europeos. Las radios emitían silencio a la espera que la
canciller alemana ofreciese sus explicaciones. En apenas 12 minutos
la reunión había acabado y la preocupación de lo que hubiese
pasado en esa sala extenuaba a medio planeta.
Todos se encontraban pálidos y con
expresión muy seria. Las cámaras se centraban en el mandatario
español que parecía haberse afeitado la barba durante la reunión.
Al fin empezó hablar la alemana.
Frank seguía atónito la rueda de
prensa desde su prisión, todos los monitores la mostraban. Los
líderes europeos ordenaban celebrar nuevas elecciones en todos sus
países. Daban por acabado el sistema capitalista, las ayudas al
tercer mundo se multiplicaban, sin tener que devolverlas. Se abrían
las fronteras, se acabó la palabra ilegal y ellos renunciaban a
presentarse de nuevo a la reelección. Era el fin de la era de los
mercados y los bancos. Empezaba la era de las personas.
Frank sintió entonces como corría el
aire por la habitación, se dió la vuelta y la puerta se encontraba
abierta.
8:45 p.m. Bruselas. En algún pub de la
capital.
Frank pidió una cerveza y se puso a
ver la televisión. Era la final del europeo, la jugaban Alemania
contra Portugal. Debía descansar y olvidar lo vivido hoy, aunque era
imposible, pues ese día pasaría a la historia.
Pocos después de acabar la rueda de
prensa, el jefe de Frank fue hacía él y con la misma expresión
pálida y seria que la de los políticos, le dijo que le doblaba el
sueldo y además le daba dos semanas de vacaciones. A Frank le iban a
venir bien esas vacaciones.
El camarero le trajo la cerveza y dijo
que invitaba la casa. Frank le agradeció el gesto y preguntó a que
se debía. El camarero le contestó que mirase la cuenta. Frank bajó
la mirada hacia la hoja y se encontró la misma cara dibujada que en
el papel de la bolsa de patatas. Entonces cayó en la cuenta, el
compañero que le trajo la bolsa, el chico que abría la puerta a la
mujer de rojo yel camarero, eran el mismo hombre. No se había dado
cuenta o no había querido darse cuenta hasta ahora. Alzó la vista
hacia el camarero pero allí no estaba él, pero en la mesa estaban
las baterías de su walkie y su móvil.
Frank bebió la cerveza de grandes
tragos y por el culo del vaso mientras se vaciaba miraba la
televisión. Estaba a punto de empezar el partido, mostraban imágenes
del palco donde estaban las esposas de los jugadores portugueses y
después las esposas de los alemanes. Frank observó atónito la
pantalla, sí, allí estaba ella la chica de rojo.
Definitivamente Frank necesitaba esas
vacaciones.