Sonaba Green Grass de Tom Waits en aquel funeral, era el
primero del Profesor X, y parecía una obra de Calderón de la Barca.
El cuerpo de Mrs Robinson se podía contemplar hasta la mitad
a través de aquel ataúd mitad de madera, mitad de cristal, jamás había tenido
semejante expresión de serenidad, como si su cuerpo no fuera más un peso que
arrastrar, como si los problemas realmente se hubieran solucionado.
El profesor X recordaba todas aquellas aventuras que habían
compartido a lo largo de los años, pasaban por su mente como si quisieran poner
de manifiesto que ella no se iba a ir, que nunca lo haría, quería parar el
tiempo, como tantas otras veces lo habían imaginado, pero esta vez de verdad,
quería no ser normal y buscaba entre los recuerdos el eslabón perdido, el
momento en el que todo cambió, ese momento o motivo por el cual Mrs Robinson
había perdido la vida, ¿qué nos lleva a abandonar lo que queremos?
¿Por qué motivo nos rendimos ante una corriente incierta?
¿Por qué nos desgastamos con el tiempo como si únicamente fuéramos materia en
descomposición creando recuerdos para sentirnos vivos, como seres animados con
algo que no puede ser terrenal?
Necesariamente tenía que ser algo y no la nada lo que había
ocurrido en aquel baño manchado de sangre, casi inundado, dónde flotaba el
cuerpo de Mrs Robinson pálido, con las muñecas rasgadas, como los restos
desgastados de una voluntad que se ha rendido.
Al meter la mano en el bolsillo derecho de aquella gabardina
gris, el Profesor X notó la nota que guardaba, aquella especie de carta que
escriben los suicidas para poner de manifiesto que el mundo ha tenido la culpa
de su desgracia, veni, vidi, vici…la
tinta roja parecía anticipar el crimen.
Pasaron unos segundos antes de que el Profesor X se diera
cuenta.. ¿Cómo había podido obviarlo?
Mrs Robinson nunca escribía con tinta roja nada que no
fueran números, era una de las muchas manías que aquella chica normal tenía.
A pesar de la posibilidad de haber hecho una excepción antes
de su suicidio, El profesor X optó por mantener aquella premisa en la que el
suicidio era una forma de acabar con la vida con la que Mrs Robinson nunca
estaría de acuerdo, y en caso de que así fuera, renunciar a una de sus manías
era algo que no casaba con la actitud de Mrs Robinson.
Mantener todas las posibilidades abiertas hasta agotarlas
iba a ser un trabajo duro, pero cuando se trata de mantener vivo uno de los
pilares fundamentales en tu vida, cualquier esfuerzo es poco.

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