domingo, 22 de julio de 2012

CAPÍTULO 5: THE BLOOD ALSO RISES (II parte)


La casa del sol naciente había sido construida en 1810 por los franceses como base militar, pero no tardó mucho en ser tomada por los independentistas españoles, que la transformaron en un lugar de tortura para todo francés que era capturado.
Al acabar la guerra, quemaron aquel lugar y con él, todos los cuerpos mutilados de soldados franceses, fue conocida durante algún tiempo como la casa de las torturas, pero tras aquel incendio no se volvió a saber mucho de la casa del sol naciente hasta casi un siglo después, justo antes de empezar la Primera Guerra Mundial, cuando las precarias condiciones de la península obligaron a construir hospitales para internar a enfermos con tuberculosis, enfermedad que arrasaba el país por aquel entonces.
Aquel hospital derivó más tarde en la conocida facultad de medicina, una de las más prestigiosas e importantes del país, crecieron las historias en torno al lugar, algunos decían que por las noches seguían escuchándose los gritos de los franceses torturados o de los enfermos de tuberculosis, algunos de los profesores perdieron la cabeza en aquel lugar hasta el punto de que, debido al elevado índice de suicidios en aquella facultad, tuvieron que cerrar e interrumpir la docencia de forma indefinida.
Hoy se conoce como la casa del sol naciente, un lugar en el que traficantes y puteros se reúnen para negociar cualquier tipo de asunto turbio; el profesor X y Mrs Robinson dieron un golpe unos meses antes del supuesto suicidio de Mrs Robinson, consiguieron cargarse al líder de una red de prostitución que explotaba a chicas inocentes, pero a pesar de aquel golpe, aquellos traficantes y explotadores sexuales se reunían para seguir negociando.

Era lunes y el Profesor X se dirigía en su Cadillac negro al lugar dónde se efectuó la operación Caronte, buscando un sentido a la nota escondida en el engranaje del reloj que había llegado a sus manos sin tener la menor idea de cómo había podido pasar. Las calles, al amanecer, estaban completamente vacías, parecía un lugar abandonado, el profesor X se bajó del coche y caminó hasta la puerta de la casa del sol naciente, imponente, de roble negro, sacó de lo que parecía un bolsillo interior una pistola y, con prudencia, abrió la puerta que se había encontrado ya entornada. El lugar parecía estar totalmente abandonado, pero la sangre que bajaba desde las escaleras del recibidor delataba que algo no iba bien, el Profesor X fue avanzando lentamente, subió las escaleras que llevaban a un salón central en el que únicamente había una mesa en la que se solía negociar y jugar al póker, pero cuando el Profesor X la vio, no había ni una sola carta encima de la mesa, en su lugar, alrededor de unos veinte cuerpos mutilados, sangrando, se amontonaban como si de un ritual macabro se tratase, ninguno de ellos estaba con vida, sus rostros amarillentos aún conservaban la expresión de terror, como si una bestia hubiera acabado con su vida, el Profesor X tragó saliva, él mismo sabía que matar a aquellos criminales no era nada fácil, y menos de aquella manera tan sangrienta. Siguió avanzando y abrió una de las puertas de la pared de la derecha en la que se encontraban normalmente archivos y otros documentos en los que los mafiosos se encargaban de llevar sus cuentas para saldarlas en caso de incumplimientos de contratos, pero una vez más, no encontró lo que esperaba: allí estaba Mrs Robinson, agazapada sobre un cuerpo, despedazándolo y chupando su sangre como si de un exquisito menú se tratara, levantó la mirada, sus ojos se habían vuelto más claros de su color habitual, parecían casi blancos, y parecían esconder en el fondo un miedo incontrolable.
En aquel momento sonó el teléfono blanco que colgaba de la pared de aquella habitación, el profesor X descolgó:

-          ¿Si?
-          Por fin la has encontrado, ahora sólo falta encontrar a la asesina de tu amiga, lo que ves no te gusta, lo sé, pero no encontré otra forma de salvarle la vida que transformándola en lo que ves, es un vampiro, tendrás que tener paciencia, pero todo acabará volviendo a la normalidad.


Y así fue como el profesor X y Mrs Robinson se embarcaron en lo que sería la mayor aventura de sus vidas, ya no eran los adolescentes normales que se conocieron en aquella cárcel, ahora eran unos superhéroes. 




                                                                                                        CONTINUARÁ

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