viernes, 2 de agosto de 2013

Black´s day.

Kate perseguía la hoja de papel entre las ruinas de lo que habían sido grandes rascacielos en la edad antigua. Corría con dificultad por la multitud de prendas de abrigo que llevaba encima pero consiguió alcanzarla.

El vaho que salía por su boca le hizo ser consciente del fuerte sonido de su respiración y al girarse vio el polvo que habían levantado sus pasos. A pesar de que aquella ciudad fantasma parecía deshabitada era demasiado peligroso quedarse a la intemperie. Dobló la hoja y la escondió dentro de uno de sus guantes. Cerró el punto con el papel dentro y por un instante se deleitó con su tacto. Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que pudo tocar una hoja de papel. Avanzó cautelosamente por los esqueletos de civilización esquivando las grandes avenidas hasta que estaba lo suficientemente alejada del lugar de su carrera. Entró en un pequeño edificio cuyas paredes aún no habían cedido. Era buen sitio para descansar y le resguardaría del viento. Cualquiera pensaría aquello, por suerte para Kate nadie más había tenido la suerte de razonar así.

Tras comprobar que el lugar estaba desierto buscó un lugar con luz suficiente para poder examinar aquel papel. Se dejó caer apoyándose en un muro, se quitó el guante y lo contempló antes de empezar a leerlo. Estaba desgastado pero se conservaba bastante bien para la edad que podía tener. Era una hoja de diario escrita a mano. Aunque más bien parecía una crónica:



Dos de agosto de aquel año.

El negro disolvía el horizonte. La oscuridad derrumbaba a la esperanza antes de que llegase a germinar. Era el paisaje rutinario con el que aprendieron a convivir. En el que aprendieron a sobrevivir.

A lo largo de la historia el ser humano ha planificado su vida a través de numerosos calendarios. La climatología, el sol, la luna y otros tipos de astros han condicionado la idoneidad de las acciones. En algunos suburbios afirmaban que siglos atrás las grandes compañías llegaron a marcar el paso del tiempo con el lanzamiento de sus productos. Quizás la oscuridad había estado ahí siempre pero se había escondido tras la luz de una pantalla hasta ser suficientemente fuerte.

Ellos dividían el tiempo en días señalados para ser felices. Días donde se cerraba una etapa y comenzaba otra nueva. No era una medida de tiempo muy convencional pero tampoco ellos lo eran. Hoy era uno de esos días.

Existe una fuerza sin rival. Un poder que no iluminaría la oscuridad, la haría arder para siempre. Una bestia durmiente que se muestra en limitadas ocasiones y como cada dos de agosto hacía su reverencia ante ella. Por alguna razón esa fuerza la quería y todos los años en su día, dibujaba una gigante silueta de una mariposa color escarlata entre las nubes negras. Mariposa que se iba volando al terminar el día hasta difuminarse.

Ambos tenían la costumbre de contemplar el espectáculo en silencio. La expectativa de un color diferente les hacía sentir bien. Al fin y al cabo era uno de esos días. Estuvieran juntos o separados repetían el ritual sabiendo que el otro estaba haciendo lo mismo. Se podía afirmar con seguridad que eran felices a su manera esos días.

Esta vez estaban juntos. En una roca comían más comida de lo habitual y de mejor calidad que habían ido reservando para la celebración. El silencio fue interrumpido por el viento que acompañaba a las alas de la mariposa que comenzaba a despedirse. La hipnotizante criatura tenía un color diferente al de cualquier otro año. Más vivo, más fuerte. Ambos lo habían pensado durante todo el día pero ninguno se atrevió a decirlo en voz alta.

Sin embargo estaba ahí.”


Kate terminó de leer el fragmento del diario y sonrió. Era el principio de un cuento que se le contaba a los niños de los suburbios para explicarles su exilio. La historia de los primeros hombres libres, el principio de la historia paralela de los dueños del mundo.


Se dejó caer mientras el cansancio se apoderaba de ella. Nunca había visto un papel escrito a mano. En los suburbios había papel impreso con el que se le enseñaba a los niños a leer pero tras ser obligada a llevar una vida de nómada no había vuelto a ver ninguno. Una leyenda que le hubiese gustado que fuese real. Con esos pensamientos se fue quedando dormida. Antes de que sus ojos se cerraran completamente creyó ver el dibujo de una mariposa roja en el muro de enfrente. Al despertar no había nada.

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